29 de julio 2017 - 21:12
An Díaz: retrato de una blueswoman en Buenos Aires
-
Tini Stoessel habló de las causas de su pelea con Emilia Mernes: "No tiene que ver con un embarazo que perdí"
-
John Travolta presentará en Cannes su primera película como director
P.: Mencionabas que tenés dificultades para presentarlo ¿Qué análisis hacés de la escena local?
A.D.: Veo que el blues se ha abierto camino en los últimos 10 años gracias a experiencias como la Escuela de blues y Blues en Movimiento. Además, hay varios lugares que están abiertos. Noto que hay una transición hacia el formato acústico, lo cual es un gran beneficio para el género. En Argentina se interpretó que lo genérico es batería, bajo, dos guitarras, cantante y armónica, y el blues también es un pianista, alguien que canta a capella o una persona que toca con una guitarra. Está bueno a nivel de género pero no necesariamente para las bandas que no tienen lugar dónde tocar. Estoy virando hacia una perspectiva acústica pero también empatizo con los grupos que no hallan una plaza. En cuanto al ambiente, en general, es bastante tranquilo.
A comienzos de año y en los días previos al lanzamiento de su álbum, Díaz viajó a los EEUU con el músico Gabriel Gratzer y el periodista Martín Sassone, entre otros. Juntos recorrieron algunos de los caminos que forjaron la identidad musical de sus referentes, en su mayoría descendientes de afroamericanos que llegaron al continente importando una cultura propia que, en su mixtura con nuevas experiencias, dio origen al blues. Ese viaje tuvo paradas importantes que incluyeron una visita a la casa del mítico Charlie Patton y múltiples shows en el Buddy Guy Legends de Chicago, quizás la meca más importante del género a nivel mundial, donde la trovadora sorprendió con su poderosa voz al público local.
De ese trip, Díaz trajo una incontable cantidad de vivencias enriquecedoras que alimentaron su búsqueda tanto artística como espiritual a través de la lectura de autoras como la multifacética Maya Angelou, por ejemplo. Su contacto cotidiano con la realidad de la "Norteamérica profunda" la ayudó a conocer en detalle el germen social del blues y la relación que sus intérpretes guardan con su tierra originaria.
P.: ¿Cómo fue tu experiencia en los EEUU?
A.D.: Fueron cinco semanas en las que visité seis o siete ciudades. El viaje fue muy fuerte; me llevé los discos, todavía en secreto porque no los había lanzado. Esa travesía tuvo un momento muy particular en el sur, que fue cuando conocimos la casa de Charlie Patton, supuestamente el creador del blues. Era una granja en medio de la nada como las demás, hasta que en un momento vimos un botón rojo. Lo tocamos y empezó a sonar la música de Patton por toda la estancia. Fue un momento revelador; lo que más me impactó fue ver que, justo al lado del lugar donde nació el blues, hay una iglesia. Después de eso supe que ahí estaba pasando algo. Me dije "okay, acá tengo al mío. Estoy por cumplir 25 años", fue fuerte.
P.: Chicago es la capital mundial del blues y Buddy Guy uno de los referentes más importantes ¿Qué te generó tocar allá y haberlo conocido?
A.D.: Trato siempre de ser muy realista y terrenal. Con muy pocas personas me pasó de ver a alguien sentado y sentir una vibra expansiva. Con él fue así; con mi amiga no lo podíamos ir a ver porque las entradas estaban muy caras, así que fuimos a la jam y el hijo de Guy y el manager del lugar nos dijeron "el jueves ustedes dos están en lista de invitados, no puede ser que canten así". Entonces fuimos bien temprano para tener los mejores lugares y cuando él se subió al escenario y cantó la primera frase yo era chorros de lágrimas. No lo podía creer. Estaba jugando de local en su bar, el tipo estaba en su salsa.
P.: ¿Cuál fue el lugar que más te cautivó?
A.D.: Chicago, sin dudas. Durante el viaje también visité Nueva York, que para el blues no es tan rico como otros lugares. Allá aprendí una de las lecciones que me traje, que es que el rol de protesta que tuvo el blues en las décadas del 50, 40 y 30 quizás hoy lo tiene el hip hop. En cuanto al sur, es increíble; podría compararlo con La Pampa. En Chicago se siente la diferencia en el aire con Nueva York en cuanto a la integración; en la primera te das cuenta que el aire es más tenso. En el sur tanto no pasa porque está todo más espaciado. Me pasó de viajar en colectivo por Chicago y ser la única chica blanca, por ejemplo. Si tuviera que elegir un lugar es esa ciudad. Lo único que evitó que me fuera a vivir allá es el viento y el frío.
P.: Se puede imaginar el futuro del rock o del pop pero cuesta más pensar en el del blues ¿Cómo ves esta cuestión?
A.D.: Hay una búsqueda de las raíces y también de valorar el vivo. No sé si se presta tanto el género para ir acompañado por esta cuestión tecnológica. Por ejemplo el último disco de los Stones, cuando tenés el oído acostumbrado a lo más viejo, al reportorio de los 20 o los 30, lo nuevo suena muy extraño. Me suena a que la imagen sonora vale más que la imagen de la temática. A mí me genera un rechazo.
P.: ¿Es un tanto conservador el blues en ese sentido?
A.D.: No en todos los casos, somos pocos los puristas. Yo me reconozco ahí. Incluyo a los 60's en esta postura, con el revival y el folk, cuando se empezaron a descubrir un montón de artistas de los 40's. Ahí estaba esta cuestión del mensaje, una cosa más de trovador. El blues tiene esta base en el góspel que reza "va a venir un cambio". A diferencia del tango, si bien también está el componente melancólico, el blues tiene ese trasfondo espiritual de "estoy contento de que los problemas no duran para siempre". Está presente esta idea de transformar la realidad.
P.: Así como costó que los blancos se abran un camino en el blues, lo mismo ocurrió con las mujeres ¿Te pasó algo así?
A.D.: Hay algo que es universal con respecto al blues. Todos, en general, tenemos bastante miedo a sentir; a conectar con lo placentero, con lo doloroso y lo melancólico, entonces, al blues le fue difícil abrirse a las historias de las mujeres y no decir simplemente "ah no, es una loca". Empezar a empatizar con la opresión de la mujer es algo bastante duro que no todo el mundo quiere escuchar. Hicimos un show homenaje a Nina Simone y tocamos el tema "Four Women", una canción que tiene cuatro estrofas y cada una cuenta la historia de una mujer. Habla sobre violaciones, violencia familiar, etc. Es un momento especial del show, me tomo mi tiempo, explico el tema y de qué trata y por qué se conecta con la realidad argentina. Hay días en que hay un silencio sepulcral y todos están atentos. Hubo gente que no escuchaba y está bien, porque tal vez no querían conectar con eso en ese momento, es parte del juego. Es muy fuerte y pasó algo terrible. Empezamos a improvisar para captar la atención antes de que arrancara el tema y vimos que no funcionaba nada, entonces elegí cantar una estrofa de menos, es decir, una mujer menos. Entonces dije "este proyecto se presta mucho a la improvisación pero también habla de ciertas cosas. Nos faltó una mujer ¿Cuántas mujeres nos faltan en Argentina?" y eso no todo el mundo lo recibe bien. También era un poco la responsabilidad social que tenía Nina Simone. Como artista, se tiene el deber de reflejar los tiempos que corren. También está el prototipo del artista que vive de joda. No tengo ese don, tengo el don de movilizar.
Durante todos los viernes de agosto, a partir de las 18 horas, la artista tributará la obra de Simone en Bebop Club (Moreno 340, San Telmo) con la pianista Anita Fabiani.




Dejá tu comentario