3 de marzo 2005 - 00:00

Armoniosa visita a orquesta de pobres

Es original este documental filmado en zonas muy pobres, que no busca batir parches sino retratar respetuosamente la vida cotidiana de sus habitantes.
Es original este documental filmado en zonas muy pobres, que no busca batir parches sino retratar respetuosamente la vida cotidiana de sus habitantes.
«Cuando los santos vienen marchando» (id., Argentina, 2004, habl. en español). Dir.: A. Habegger. Guión: T. Torrealba, A. Habegger. Documental.

Entre tanto trabajo indignado, generalmente superficial, que suele verse, sobre lo mal que viven los pobres, satisface encontrar este remanso de tranquilidad y armonía, sobre la sensibilidad y capacidad de quienes menos tienen. Es otro modo de ver las cosas, y de valorar a las personas. También es otro modo de registrarlos. En vez de alborotar el barrio con un camión de exteriores, ponerle a la gente un micrófono, ver quién grita más, y mandarse mudar, este documental es de los que se toman su tiempo para ir retratando el barrio y sus habitantes, recoger sin prepotencia y con todo respeto sus impresiones cotidianas, y acompañarla en sus procesos.

Para el caso, se sigue aquí el proceso de formación de un grupo musical, la Orquesta Infantil y Juvenil de Villa Lugano, toda una experiencia donde vemos el esfuerzo de aprendizaje de los chicos, la alegría de sacar un acorde, el modo en que viven, sus trabajos y sueños, y el primer concierto. Y mientras, se van alternando las tomas de las clases, bastante cansadoras, un taller de costura y uno de calzados, las cortinas, y los fuentones, y conviven las antenas modernas y dos chicos a caballo, los violines prestados y el vecino cementerio de automóviles, sobre los que un niño se encarama y salta mientras (oh, maravilla) solfea. Se oye a los chicos, y a los padres. El boliviano que agradece la igualdad de oportunidades que ofrece a sus hijos la escuela argentina, así como también agradece a Dios por la comida, y el que no tiene expectativas, pero espera que su hijo, después de tanto aprender música, no termine pasando el sombrero a un costado de Florida. Y se oye a la orquesta. Que suena como una orquesta de chicos que recién se están formando, pero mejor de lo que uno piensa (y de lo que suenan más de cuatro conjuntos de moda, aunque sobre esto cabe recordar a aquellos miembros de la Sinfónica de Córdoba que en viejos tiempos se hacían el fin de semana tocando en los cuartetos).

Es una pena, sin embargo, que el documental deje algunas cosas sin explicación, por ejemplo acerca del modo en que se forman los grupos, donde hay rostros notablemente diversos. Que se haya centrado en apenas un puñado de pibes con sus padres, ya que esta experiencia abarca como a 200 de Lugano y Retiro. Y que, acaso por timidez del autor, no haya escarbado más en sus personajes. Simpático e interesante, pudo ser también más emotivo.

P.S.

Dejá tu comentario

Te puede interesar