En «La comedia de la vida», el director sueco Roy Andersson construye cada escena y arma
cada situación como si fueran cuadros goyescos pintados a lo Hopper.
«La comedia de la vida» (Du levande, 2007, Suecia-Noruega-Dinamarca-Francia, habl. en sueco). Guión y dir.: R. Andersson. Int.: E. Helander, L. Larsson, J. Wikbladh, L. Ericksson.
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Resumen de un cortometraje. Un niño llora desesperado, los padres tratan de calmarlo, morirán en la cámara de gas, varios hombres los contemplan sin mover un pelo. Uno de ellos nos mira. Luego, en sucesivos cuadros, nos muestra, angustiado, sus agarraderas: la tumba del padre, su auto, su oficina, su hermano, que disimuladamente mira el reloj, etcétera. Al fin del día, el tipo clama al cielo, y la mujer le manda que deje de gemir y se acueste, que mañana hay que trabajar. Título del corto, «Un mundo de gloria». Del mismo director, Roy Andersson, con la misma alegría de vivir, un arte fascinante, y una irónica tristeza, vemos ahora «La comedia de la vida». No puede contarse. Hay que ir descubriendo, cuadro a cuadro (porque él arma situaciones como si fueran cuadros goyescos pintados a lo Hopper), diversas escenas en lugares casi vacíos, o la hora de cierre del bar, cuando se piden ya las últimas copas, una fiesta amarga, solitarios de variada clase, tipos contemplando dramas ajenos, músicos que hacen la suya, todo en tonos tenues, con luz nórdica, y un humor corrosivo que causa una mueca de risa y dolor en el alma.
Por ahí un hombre de trabajonos cuenta una pesadilla relacionada con gente seca, que no lo comprende ni lo perdona. Y una chica nos cuenta un sueño hermoso, y triste, porque es sólo un sueño, pero hermoso, donde se ha casado con el chico que ama, y gente desconocidalos agasaja, les canta, y ellos inician un viaje sin salir de su casa, la casa es la que viaja. Así vamos viendo esta exposición, de sorpresa en sorpresa, por los personajes, las situaciones,la admirable composición de cada escena, todas filmadas en estudio, hasta que de pronto se impone una música con alegría de dixieland, que parece contrariar lo que estamos viendo, pero no, porque con esa música tan rítmica, feliz, contagiosa, es como si alguien nos dijera «muevan un rato la patita en sus lugares, antes de estirar la pata». Que es exactamente lo que dice un epígrafe al comienzo de la película, sólo que con palabras más elevadas, de las «Elegías romanas» de Goethe, algo así como «Apresúrate a gozar, tú que estás vivo, en tu cálido lecho, antes que la corriente del frío Letheo llegue a lamer tus movedizos pies». Dato curioso, el compositor es Benny Andersson, antes cabeza del grupo ABBA (y casado con la pelirroja) y hoy productor discográfico y músico de películas, que ya había colaborado en la anterior de Roy Andersson, la igualmente admirable «Canciones del segundo piso», inspirada en un poema del peruano César Vallejo.
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