Hace 20 años los libros dedicados al arte se contaban con los dedos de una mano. Sin embargo, a pesar de los vaivenes financieros, el panorama cambió: el ritmo de las publicaciones se aceleró y, hoy, críticos y artistas circulan con sus libros bajo el brazo. India Ediciones acaba de publicar, en la colección Artes & Oficios, un libro-objeto con la tapa calada y sus páginas cosidas a mano. “Maestro Cafiso”, de María Paula Zacharías, escapa al rigor del análisis crítico de los libros de artista para contar una historia de vida. Carlos Cafiso es un eximio soldador, maestro de una Escuela Técnica y protagonista de una historia que atraviesa el mundo de las carreras automovilísticas, la milonga y el tango; el billar, la mujer que quiere como a nadie en su vida, y el apego al trabajo y el estudio, la mejor herencia de sus padres adoptivos.
Cafiso es un personaje real. Vive en Mataderos y a lo largo de una trayectoria variada y vital responde la pregunta que formula Zacharías: “¿Qué es ser artista?” El interrogante abre paso a las dudas del lector y del propio Cafiso acerca del estatus que gozan determinadas “obras de arte” y las cualidades que determinan esta condición.
La “obra” es una maqueta de la Torre Eiffel, una réplica perfecta en hierro que, radiante y desmesurada brilla en medio del taller del soldador. ¿Puede un artista intuitivo y sensible percibir que el virtuosismo del oficio puede pasar a ser un elemento más entre la variedad de requisitos que determinan la creación de una obra de arte?
El atractivo del relato se basa en el encuentro del maestro soldador con dos artistas embarcados en la realización de una obra y seguros de su posición en el entramado del arte. Cafiso los ayuda a realizar su obra. Así descubre qué es eso que llamamos arte, cómo se manifiesta y cuán cercana ha sido siempre su relación con él. Su obra, la Torre Eiffel, adquiere otra jerarquía. Y Zacharías describe la transición. Mirada con otros ojos, la Torre deja de ser una maqueta a perfecta escala, un objeto meramente decorativo que se alquila para casamientos y festejos. Aspira a ser algo más. Y lo mismo ocurre con la maqueta del Puente Nicolás Avellaneda, esa joya de La Boca que atraviesa el Riachuelo.
Cafiso no ha visto la Torre en vivo, pero quiere exhibir estos dos trabajos ante el público, sentir cómo los recibe la gente. Como un artista genuino, quiere completar el ciclo de la producción con la circulación de la obra. Acaso simplificando el misterio del arte, Zacharías reconoce, al igual que Tom Wolfe en “La palabra pintada”, la falta del soporte teórico. Pero compara a Cafiso con Pablo Siquier y sostiene: “Me quedo con mi natural respeto a la destreza técnica, los hombres sencillos, los sueños concretados, las pequeñas epopeyas privadas, el culto al oficio, la trayectoria comprobable y la autoinscripción en el campo del arte. Me quedo con la democratización del arte que abraza a quien quiera colarse en sus filas: un artista para cada espectador, una obra para cada gusto”.
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