No es la primera vez que Fernanda Laguna, artista paradigmática de la década del 90 cuyo talento artístico quedó muchas veces relegado por su brillante papel de gestora cultural, presenta una muestra en el Malba. La primera fue pequeña pero memorable. La actual ocupa dos salas del Malba y, si bien está documentada, resulta difícil encontrar el registro de aquella muestra. Laguna, inspirada en la obra de Guillermo Kuitca, había levantado las paredes de una planta de departamento y convertido una pintura de esa serie en un “tres ambientes”. Luego, ocupó el espacio con tres talleres para artistas. Los invitados fueron Ruy Krieger, Agustín Inchausti y Vicente Grondona, quien presentó “Hippies”, dos telas pintadas con anilina que hoy atesoran los coleccionistas. La trayectoria de Laguna que además de artista y curadora, es escritora y docente, continua en ascenso.
Fernanda Laguna del arte puro al politizado y del Malba al Reina Sofía de España
La artista exhibe en el Malba una muestra en colaboración con el Reina Sofía que revisita su trayectoria entre la estética “light” de los 90 y su proyección internacional.
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El Malba recorre la obra de Fernanda Laguna con la muestra “Mi corazón es un imán”.
La muestra actual se titula “Mi corazón es un imán” y está organizada en colaboración con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. El curador en ambos museos es Miguel A. López, peruano, especializado en arte contemporáneo latinoamericano, colonialismo y decolonialismo, indigenismo y arte queer.
A fines de los años 90 Laguna fundó con Cecilia Pavón, Belleza y Felicidad, una galería y almacén de arte del barrio del Abasto que lideró esa época al exhibir cursilerías sin reparos. “El arte aparece allí donde no se lo espera”, señalaba entonces Jorge Gumier Maier, curador estrella de la movida del Centro Cultural Rojas. Y Laguna, su discípula más cercana, parece ser todavía fiel a esos principios ideológicos. Al menos, así se percibe la muestra al ver los dibujos y los textos que decoran sin prejuicios las paredes inmaculadas del Malba.
Las telas recortadas son el sello distintivo de la artista, además de un homenaje al genial maestro Lucio Fontana. Hay una pintura enmarcada en mimbre que recuerda los célebres bucchis (agujeros) y otra con pequeños tajitos. Pero los agujeros configuran una hormiga juguetona y allí predomina el color rosa. Aunque Laguna no es menos revolucionaria que el vanguardista ítalo-rosarino, su posición frente al mundo va por el camino opuesto. La obra de Laguna ostenta la estética bella y feliz del “arte puro”, el arte por el arte en sí mismo. No obstante, recién al final de la muestra hay una breve recreación de Belleza y Felicidad, ese espacio alucinado donde se presentaban proyectos tan heterodoxos como concursos de tortas o desfiles de moda para muñecas, mientras se exhibía un arte hecho de burbujas y cotillón, oropeles y manualidades.
Es preciso aclarar que los artistas del Rojas y su arte llamado “light” fue un fenómeno exclusivamente argentino que los extranjeros no entienden y, que, incluso, muchos desprecian. De hecho, la colección de los 90 reapareció casi escondida después de más de una década, en la estrecha reserva de Malba Puertos. En aquellos años, el francés Pierre Restany, buen conocedor del arte argentino, no dudó al calificar a varios artistas como “guarangos, kitsch, ordinarios y superficiales”. Marcelo Pacheco los defendió con solvencia en otra publicación. En la Argentina, el arte de los 90 fue un tema de discusión. Carlos Basualdo escribió sobre “Crimen & ornamento” (a favor) y Montequín sobre Belleza y Felicidad (en contra). Los pintores cercanos al expresionismo como Marcia Schvartz, defendieron el CCRojas como su propio territorio y, cuando intentaron que el artista Sergio Avello se integrara al grupo, él dijo: “No entienden que las baratijas del once compradas por kilo a mí no me gustan”.
En la actualidad, pocos recuerdan la historia de esos años. Laguna presenta su propio archivo. Pero cuesta ver su obra subordinada al discurso sociopolítico: su pintura, a simple vista, parece consecuente con su pasado. “Viendo sus obras se comprende que para ella la ilusión es confianza”, escribía en 2012 el editor Francisco Garamona. No obstante, en el catálogo, si bien figuran los textos de López, Jorge Gumier Maier e Inés Katzenstein, Cecilia Palmeiro, afirma: “La exposición permite echar luz a momentos importantes de una vida feminista y subrayar cómo algunas de las genealogías más estridentes y combativas del activismo feminista contemporáneo, que hoy gozan de importante protagonismo global, han surgido desde el trabajo cotidiano, la colaboración, la amistad, la fantasía, el juego y la belleza en los años noventa”.
Laguna no frecuenta vernissages, confía en su galerista y permanece ajena al gran público que hoy, descubre en el Malba su batalla feminista. De todos modos, sus expresiones parecen estar todavía lejos del contenido conceptual y político. Es probable que, si Laguna hubiera trasladado su acción a su arte, si lo hubiera convertido en instrumento político, si hubiera construido una obra con la contundencia del avión bombardero con Cristo crucificado de León Ferrari, el Museo de Arte Moderno porteño no la hubiera excluido junto a Feliciano Centurion, Liliana Maresca, Sergio Avello y Benito Laren, de la “cuestionable y pretenciosa exposición ‘Últimas tendencias I’, que privilegió el conceptualismo a la moda”. Esta opinión es de Gustavo Bruzzone, el primer coleccionista de los años 90. Hoy la acompaña a Laguna con los videos testimoniales donde aparecen Roberto Jacoby, entre otros personajes que no sólo frecuentaban Belleza… exponían allí sus mejores obras.
No obstante, es preciso reconocer que la gestión cultural de Laguna tiene un alto contenido sociopolítico. Despues de la crisis de 2001 junto al escritor Washington Cucurto y el artista Javier Barilaro, fundó justo frente a Belleza…, Eloísa Cartonera. La célebre editorial compraba cartón en las calles de la triste ciudad de Buenos Aires para publicar libros pintados a mano por cartoneros y escritos, entre otros, por autores como César Aira o Ricardo Piglia, que cedían sus derechos. Pronto se sumó a este proyecto la galería de arte que inauguró en Villa Fiorito y que es en la actualidad una escuela secundaria con orientación artística.
La vida de Laguna es un modelo de la más genuina preocupación por el prójimo y su sinceridad es incuestionable. Cuando en 2012 le otorgaron el premio Príncipe Claus a Eloísa Cartonera, le dieron 100.000 euros, pero solo a Cucurto y una cooperativa. Antes, la institución consultó con este diario, testigo confiable de la gestión de Laguna, Barilaro y Cucurto. Laguna ya había dedicado finalmente su energía a la producción de su propio arte y a la docencia en Villa Fiorito. Pero consultada por este diario sobre la posibilidad de sugerir que se repartiera el premio, dado que la creación del modelo de Eloísa que se había expandido por Latinoamérica y el concepto era de los tres, mostró su desapego al dinero y, consideró: «Eloisa es un proyecto a largo plazo, no una obra que empieza y termina. Perdura en el tiempo por el mérito de cada uno de los que siguieron. Y lo importante es que siga en tantos países. El dinero será utilizado para darle fuerza al proyecto, para que crezca». Lo cierto es que Eloísa Cartonera, a partir de ese momento comenzó a extinguirse.
El título “Mi corazón es un imán”, habla del magnetismo, de la poderosa atracción que ejerce la artista desde que apareció en el escenario del arte. Laguna sabe que posee cierta magia, haga lo que haga.
Vale la pena recorrer la muestra para sacar conclusiones.
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