18 de mayo 2001 - 00:00
Asusta la realidad que pinta "Paladar"
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La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
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Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
"Paladar".
Norberto Suárez (en su regreso a la escena) dibuja con precisión y finura la figura de un hombre que vive arropado en su nostalgia. Saturnino es un sommelier que ha conocido épocas de esplendor y se ha codeado con los grandes de la escena. Recluido en el tétrico restorán de «El Gordo», comparte sus días con dos patéticos personajes ordinarios, vulgares y con una carga de agresividad y resentimiento que sólo él puede domesticar. El contenido de su valija consiste en fotos viejas y recortes de diario que conserva como un tesoro y que dan testimonio de su pasada grandeza. Esos testimonios hablan, sin quererlo, de un mundo que ya no existe, en el que aún era posible deleitarse con manjares exquisitos y vinos de cosechas elegidas. Pero no es sólo la nostalgia por los licores y la comida lo que lo angustia, sino también la comprobación de la bestialidad del mundo en que vive.
Suárez posee como actor un don poco común: de él se desprende un aura de espiritualidad que se transmite al ritmo de su accionar. Su actuación nunca decae: aunque esté sin hablar, el hilo interior de sus emociones y pensamiento parece fluir tersa y continuamente de un manantial interior.
Gabriela Villalonga («La Negrita») es un prodigio de frescura, espontaneidad y simpatía, condiciones que aparecen como el resultado de un entrenamiento técnico tan riguroso como para lograr que todo lo que hace y dice sobre la escena parezca verdadero. Su personaje está vivo, se multiplica, imita actitudes y voces; es apasionado, grotesco, brutal y, sin embargo, la actriz logra comunicar también cierta desdicha que proviene de su resentimiento y su desilusión frente a una vida que no le ha dado lo que ella cree merecer. Gabriel Virtuoso compone a un mozo torpe y sometido, grosero hasta el delirio, que es también una víctima.




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