«El barbero de Sevilla», ópera de Rossini. Con O. Carrión, G. Cipriani Zec, C. Ullán, y otros. Esc.: D. Feijóo. Vest.: K. Martínez. Ilum.: S. González Urrutia. Dir. Coro: J. Casasbellas. Regie: P. Macfarlane. Dir. Orquesta: C. Vieu. (Teatro Avenida, 28/5; Org. Buenos Aires Lírica).
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Esta ópera basada en el francés Beaumarchais, con la acción ubicada en la andaluza Sevilla, cantada en italiano y con música heredada de Mozart, bien puede tolerar otra traslación.
Esta vez sucede durante un carnaval veneciano, con hiperkinéticos personajes de la Commedia dell Arte distribuidos en la sala y con activa participación en el desarrollo de la ópera, ya sea colaborando con mímicas o acrobacias, o humanizando escritorios y clavicémbalos.
La feliz idea de convocar al experimentado Peter Macfarlane para la puesta en escena da unos resultados óptimos, cuando ya parecía que se había visto todo intento por refrescar la conocida ópera rossiniana, el director tucumano-escosés le insufla nuevos aires e ingeniosos recursos, como las sombras y la dinámica escénica con un elenco de jóvenes en su mayoría que denotan una sólida preparación.
En la «opening night» el Fígaro de Omar Carrión fue encarado con prudencia, y no fue aplaudido en el «Largo al factótum», pero trascurriendo la función «calentó» la voz y ganó simpatías. Gabriela Cipriani Zec como Rosina va superando cada pentagrama con coloraturas, aunque un poco tensa y casi sin actuar, en los recitativos aparece la comediante. Oscar Grassi pone su autoridad escénica en el Bartolo con eficaz comicidad, y el Basilio de Ariel Cazes convence aunque no están las notas más graves para «La calunnia». El tenor Carlos Ullán se sigue superando; su atractivo timbre y melodismo en esta ocasión se enriquecen con dos composiciones cómicas que resuelve con inteligencia.
Graciosa Vanesa Mautner como Berta y sobrio el Fiorello de Nahuel di Pierro. Logran su efecto las caracterizaciones del oficial, Ambroggio y el Notario.
Los temidos concertantes de Rossini «se comieron» algunas voces, lo que también sucede en orgullosos teatros europeos, y se puede subsanar para las funciones restantes. La Orquesta en el foso tiene un trabajo agotador, y el director Carlos Vieu la hizo rendir al máximo; excelente la preparación coral. Se aconseja, en las próximas funciones (3 y 5 de junio), llegar con bastante anticipación, porque hay un divertido espectáculo que antecede a la conocida Obertura y es lícito volver a señalar la originalidad y estimulante buen humor de la puesta.
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