Si bien esa secuencia merece uno de esos decoupages dignos de los académicos franceses, y de hecho merece analizarse como pieza máxima del montaje en el cine moderno, casi se puede apostar que no hay trampa alguna; sólo la pericia de un gran director con todos los medios a su disposición, ofreciéndole al espectador un ejercicio de estilo casi impensable en el Hollywood actual. La citada secuencia es una obra maestra de esas que hacen que una película pueda ser vista una y otra vez.
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