San Pablo (Reuters) - Una nueva biografía de Ava Gardner, «Love is Nothing» («El amor es nada») de Lee Server, revela detalles divertidos sobre encuentros entre la tempestuosa actriz y dos hombres fuertes latinoamericanos, Juan Domingo Perón y Fidel Castro.
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Gardner conoció a Perón y a Isabelita en Madrid, durante el exilio del ex presidente en la capital española. La actriz vivía allí hace mucho tiempo y era dueña del departamento inmediatamente superior al de Perón en un edificio en la Plaza Argentina. Según Server, Perón admiraba desde hace mucho a la actriz. Ella no era partidaria de su política, pero intentó ser amable.
«Isabel preparaba empanadas y Ava, en algunas ocasiones, bajaba y las comía en la cocina de los Perón mientras Isabel se sentaba y conversaba sin celos sobre cómo la difunta Evita seguía siendo la mujer más importante en la vida de su marido», dice el libro. La relación se arruinó cuando los Perón se quejaron por las ruidosas fiestas de flamenco de la actriz que duraban toda la noche.
«Ava afirmó que él (...) a menudo se paraba en su balcón y daba discursos a una imaginaria multitud de partidarios, y que ella y su criada salían a su balcón como verdaderas provocadoras y gritaban 'Perón es un marica», narra el libro.
Gardner visitó la Cuba prerrevolucionaria y en algunas oportunidades se alojó en la casa de Ernest Hemingway, en las afueras de La Habana, donde se hicieron conocidos sus baños desnuda en la piscina. La actriz visitó La Habana nuevamente en el verano de 1959, después del triunfo de Castro. «Ava estaba fascinada por las historias y fotografías del barbudo de Cuba. Y resultó que el comandante tenía un interés semejante en la estrella de películas yanquis», escribió Server.
Ambos se juntaron y Castro la llevó a una visita turística de su cuartel general en el Hilton de La Habana. Bebieron unos «cuba libre» sentados en el balcón, observando la ciudad. Castro le contó sobre la revolución y sus sueños para el futuro de Cuba. Castro la impresionó mucho, y Ava le preguntó si odiaba a los estadounidenses y él respondió que sólo a Richard Nixon.
Gardner, aparentemente, molestó a Ilona Marita Lorenz, la traductora de Castro de 19 años. Lorenz creía que Gardner perseguía a Fidel y afirmó interceptar notas dirigidas a él. Las dos mujeres tuvieron una discusión en el vestíbulo del Hotel Nacional. Gardner abofeteó a Lorenz en un ascensor y un agente de seguridad cubano sacó su pistola para restaurar el orden. Castro terminó sus encuentros con Gardner y ella encontró consuelo en los brazos de unos de sus colaboradores, sostiene el libro. Gardner, que protagonizó películas como «La condesa descalza» y «La noche de la iguana», murió en Londres en 1990, a los 67 años.
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