17 de mayo 2001 - 00:00

Avatares de TV y radio

Avatares de TV y radio
Luis Majul volvió a demostrar su obsesión con el noviazgo Carlos Menem-Cecilia Bolocco en la parte «seria» de su programa del último martes, que en realidad dedicó a investigar los bienes del ex presidente. En medio de la discusión, en la que les permitía decir lo que quisieran a la periodista Silvina Walger y a Juan Carlos Iglesias (uno de los tantos abogados que hoy impulsan juicios contra Menem por ese motivo), pero que interrumpía groseramente al político justicialista César Arias, quien se limitaba a pedir pruebas sobre las inconsistentes imputaciones que allí se estaban haciendo, Majul quiso saber, de repente, qué opinaban sus invitados sobre la tapa de «Para Ti», en la que Bolocco aparece cubierta sólo con una bandera argentina. «¿Y eso qué tiene que ver con lo que estamos hablando?», preguntó atinadamente Arias, mientras Walger arriesgaba: «Ahora sí se va a ligar unos cachetazos» del ex presidente, porque eso «un machista argentino no lo soporta». La reacción más curiosa vino de Iglesias: «Es una provocación que esta señorita, señora o no sé qué..., una chilena, venga a enrostrarnos cosas así a los argentinos», dijo el letrado enfáticamente, lo que el conductor y sus invitados se apuraron a rechazar por discriminatorio.

Pero a Majul no le preocupó demasiado la discriminación al someter a su interrogatorio de diván a Pablo Echarri, «modelo de macho argentino». Por un buen rato, trató de que el actor le contara alguna experiencia homosexual o con homosexuales, y lo sometió a majuladas: «¿Es cierto que muchos hombres te ofrecen plata para tener sexo con vos?». «¿Tuviste que hacer algún favor para conseguir laburo?» También quiso saber por qué había rechazado salir en la tapa de «Gente» vestido de mujer y «cómo un macho de barrio» como él se había dejado besar apasionadamente en la boca por uno de sus compañeros en la ceremonia de entrega del Martín Fierro.

Las respuestas de Echarri se ajustaron perfectamente a las preguntas de su interlocutor. Aunque aclaró que tiene «las bolas bien puestas» y que él «no había propiciado aquel beso», también dijo: «Yo le toco el culo a mis amigos», como gesto de afecto o algo por el estilo. Y completó: «Vos también sos de barrio y sabés que ésas son cosas de machos». «Y... sí», reconoció Majul, terminando de ilustrar al televidente sobre las costumbres de ciertos barrios, hasta ahora poco exploradas.

Sigue sorprendiendo en «Culpables» -el programa de Adrián Suar que reemplaza en buena ley a «Vulnerables»- el crecimiento actoral de Alfredo Casero, a cuyo personaje ahora le preocupa el cambio de su mujer (Gabriela Toscano), sin saber que ella está manteniendo un ardiente romance virtual. En el último programa, sin embargo, él intuitivamente le destrozó la computadora con apenas dos movimientos y sin que le cambiara la expresión de la cara, en una escena sin desperdicios. De todo el elenco, la única que aparece a la altura de Casero es Mercedes Morán, ya liberada de la chatura a la que la obligaba «Gasoleros».

Quienes han visto su soberbio trabajo en el film «La ciénaga», todavía en cartelera, pueden admirar aun más la versatilidad de Morán, que en «Culpables» compone a una mujer totalmente diferente. En el último programa, por ejemplo, fue memorable la escena en la que interrumpió su llanto desconsolado tras una pelea con su amiga Susú Pecoraro, para autofotografiarse abrazada a una planta y obligándose a sonreír todavía sacudida por los sollozos.

A medida que se van sus personajes y aumenta, aun más, el tedio en «Gran hermano», la producción debe recurrir a excentricidades que llamen la atención. Por caso, Soledad Silveyra debió presentar entusiasmada una nueva relación entre los integrantes, a la que calificó de «extraña». A lo largo del ciclo se vieron escenas sexuales bajo las sábanas, se mostró a una joven haciendo «sandwichito» entre dos varones -siempre vestidos-y hubo secuencias de mujeres y hombres tocándose y acariciándose. Pero lo que se mostró el sábado fue tan ridículo como insólito. Martín, el joven musculoso que corría en la cinta y hacía flexiones o abdominales, conversó largamente con la vaca Margarita. Le confesó algunos miedos y deseos, entre ellos: «Tenés que entenderme, hace dos meses que no tengo relaciones». El episodio fue cerrado por Silveyra con un mensaje a la novia de Martín: «'Macu', no tenés por qué preocuparte, al menos no va estar con ninguna de las chicas».

Con mayoría de artistas perteneciente al folklore y algunos legendarios de disciplinas variadas, se presentó la nueva programación de radio «Colonia», en una suerte de encuentro de viejos amigos. Estaban desde el «Pato» Fillol, que conversaba con Froilán González, pasando por los históricos Luis Landriscina y Juan Carlos Mareco, encargados de hablar en representación del staff, hasta las caras más representativas de la emisora como Mauro Viale y su nuevo gerente artístico, Julio Mahárbiz, en una reunión en la que no faltó vino, whisky y pata de lomo.

Mahárbiz fue el anfitrión: cuando lo consideró pertinente, convocó a las figuras de la emisora para la foto y no estuvo tranquilo hasta que posaron absolutamente todos. Dijo: «Vení piba, dale», cuando vio llegar a Soledad Pastorutti, mientras Luciano Pereira le sugería: «Ponete por acá, donde estamos los jóvenes». Zulma Faiad, quien integra el nuevo staff, posó para las cámaras y le pidió a Mauro Viale (al que no se veía del todo integrado a la fiesta) que se ubicara junto a ella: «Vení Mauro; no muerdo». El humor y la nostalgia estuvieron a cargo de Landriscina y Mareco.


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