Dicen que los peores pacientes son los médicos. Quizá porque cuando les pasa algo feo saben de qué se trata, cómo van a tratarlos durante la internación, y también cómo piensan aumentar los precios y honorarios. El cine italiano de los 70 lo dijo bien claro en la comedia “El médico de la mutual” y en el revelador “Bisturí, la mafia de blanco”. Con otro tono, y final feliz, dentro de lo que cabe, dice ahora lo suyo la película chilena que ayer se presentó en la Competencia Oficial. Se trata de “El pa(de)ciente”, de Constanza Fernández, basada en el libro del mismo título de Miguel Kotow, oftalmólogo, que fue repentina víctima del síndrome de Guillain-Barré, la pasó mal, pero pudo recuperarse (con secuelas), recuperar su espacio y contar su experiencia “desde el otro lado del mostrador”. El síndrome referido, corresponde explicar, es un trastorno poco frecuente donde el sistema inmune equivoca su misión y puede conducir rápidamente a la parálisis. Cuando algo es raro, poco frecuente, atenderlo sale más caro. Y, acá llega lo bueno, el espacio que ocupa el doctor Kotow es la cátedra de Bioética en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

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