7 de diciembre 2006 - 00:00

"Bambi": enemigo de Adolf Hitler

Felix Salten: sunovela«Bambi» eraleída enAlemania comouna metáforasobre el odioracial, y Hitlerla prohibió.Disney, ainstancias deThomas Mann,compró losderechos de lanovela por sólo1000 dólares.
Felix Salten: su novela «Bambi» era leída en Alemania como una metáfora sobre el odio racial, y Hitler la prohibió. Disney, a instancias de Thomas Mann, compró los derechos de la novela por sólo 1000 dólares.
Viena (EFE y Especial) - Por estos días, Austria está rindiendo homenaje a un escritor cuyo personaje trascendió en fama mundial a su propio nombre. Antes de convertirse en el héroe de la película animada más vista de la historia del cine, Bambi fue uno de los peores enemigos para Adolf Hitler: el autor del libro, el novelista judío austrohúngaro Sigmund Salzman (que usó para su obra literaria el seudónimo de Felix Salten) publicó esa novela en 1926 como metáfora del clima racial que se avizoraba por entonces en Europa.

Tras la llegada del nazismo al poder en 1933, la novela fue leída cada vez más como una alegoría, en la que los cazadores representaban a la Gestapo. Hitler ordenó prohibir la novela en Alemania en 1936, y dos años más tarde, con la anexión de Austria, también lo hizo en el país donde se originó.

Salten, forzado a exiliarse, murió muy poco después de que terminara la guerra. Ahora salió a la luz que fue el mismísimo Thomas Mann, establecido en California, quien (para darle una mano a Salten), le hizo llegar a Walt Disney un ejemplar de «Bambi, ein Leben im Walde» («Bambi, una vida en los bosques»), sugiriéndole una versión animada. Disney lo dudó un tiempo y más tarde aceptó: le giró a Salten apenas 1000 dólares para transformarla en un éxito sin precedentes en la historia del cine de animación.

Además de varias publicaciones alusivas, ayer el Museo Judío de Viena inauguró una exposición sobre Salten. «Felix Salten, escritor-periodista exiliado» es el título de la exhibición que trata de salvar del olvido a un hombre, cuyas obras siempre fueron más famosas que él mismo. Salten no sólo escribió la historia del famoso: también es el autor de la novela erótica «Josefine Mutzenbacher» (1906), cuya versión cinematográfica filmada en 1970 es considerada una de los mitos del cine alemán.

Además, el ex periodista y crítico de teatro es autor de «El perro de Florencia» (1944), en la que se basó otro éxito de Disney, «El perro humano», y cuya remake este año, protagonizada por Tim Allen, se llamó «Un papá con pocas pulgas». Nacido en 1869 en Budapest, Salten inició su carrera profesional como periodista y llegó a trabajar como crítico de cine y teatro del diario vienés «Neue Freie Presse», uno de los diarios europeos más importantes de la época.

En 1925, tras publicar varias novelas, sustituyó a Arthur Schnitzler como presidente del Pen-Club austríaco, cargo que abandonó en 1933 debido a una pelea con los miembros nacionalistas germanos en esta asociación de escritores. Tras la anexión de Austria por Hitler en 1938, Salten tuvo que emigrar a Suiza por ser judío y murió a los 76 años de edad. Lea Wyler, una de sus nietas, explicó ayer ante la prensa en Viena que a pesar de su éxito como autor, Salten siempre fue pobre. «Todo el dinero que tenía se lo gastaba en joyas que regalaba a su mujer», dijo Wyler.

Wyler también recordó el enfrentamiento que mantuvo su abuelo con Karl Lueger, alcalde de Viena durante 5 períodos. Cuando murió Lueger en 1919, Salten fue el único que se opuso a sumar loas a sus muchos homenajes. En una reunión pública, lo calificó como «demagogo antisemita».

Hitler, que por aquellos años vivía en Viena, siempre consideró a Lueger como «un modelo a seguir».

Salten, antes de su exilio, llegó a descollar en la llamada «Juventud vienesa», un círculo de artistas, mayoritariamente judíos, habitués del Café Grienstedl : entre ellos también se contaban los compositores Franz Lehar («La viuda alegre») y Oscar Straus, el tenor Leo Slezak, y los literatos Karl Kraus, Hugo von Hofmannstal y Hermann Bahr.

En 1940, cuando ya no quedaban dudas sobre lo que significaba Hitler y Chaplin rodaba «El gran dictador», Salten publicó la segunda parte de «Bambi», «Bambi de los chicos», donde las metáforas sobre víctimas y victimarios eran aun más claras.

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