«Le Lever de la Bonne», obra estrella de Eduardo Sívori y
una de las joyas que alberga la exposición «Primeros Modernos
en Buenos Aires 1876-1896» que se puede ver en
el Museo Nacional de Bellas Artes.
No es habitual ver en Buenos Aires una muestra temporaria del nivel curatorial, el montaje, la investigación y los ensayos del catálogo a cargo de importantes especialistas que posee «Primeros Modernos en Buenos Aires-1876-1896» en el Museo Nacional de Bellas Artes. Un acontecimiento estético relevante que propone una visión en conjunto de la obra de los protatonistas de la llamada «generación del '80". Entre ellos, Eduardo Schiaffino, Eduardo Sívori, Angel Della Valle, Ernesto de la Cárcova, Graciano Mendilaharzu, Augusto Ballerini, Lucio Correa Morales, Rogelio Irurtia, que interactuaron con escritores, poetas, historiadores, instauraron un clima de modernidad artística y sentaron las bases para un arte nacional que también pudiera ser apreciado en el orden internacional. Eran tiempos de opulencia económica y calma política, se publicaban numerosos diarios y revistas para una sociedad ávida de novedades. Vale la pena leer los ensayos e investigación exhaustiva del libro catálogo correspondiente a cargo de María Isabel Baldasarre, Alejandra Laera y la curadora principal de la muestra Laura Malosetti Costa, quien la ha organizado alrededor de cinco ejes o núcleos temáticos.
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«Los Años de Aprendizaje» comprende academias y maestros, y en él se exhiben obras de pequeño formato a la manera del siglo XIX, se recrea el ambiente recargado de un atelier, dibujos, bocetos de los artistas que se formaron en Estímulo de Bellas Artes y también en París, Florencia, Roma y Madrid. En «El Salón de París»: se exhiben algunas de las obras de artistas argentinos aceptadas entre 1880 y 1900 en la entonces meca del arte, por ejemplo, «La Muerte de Pizarro» de Graciano Mendilaharzu, «Angoisse» de María Obligado de Soto y Calvo, «Reposo» de Eduardo Schiaffino, varias obras de Severo Rodríguez Etchart, así como de Eduardo Sívori, siempre aceptado en el Salón parisiense, y cuya obra estrella, «Le Lever de la Bonne» (El despertar de la Criada), fue bien y mal calificada por muchos críticos franceses: «El colmo del naturalismo»; «Tal vez pase por ser algo canalla, seduce, no obstante, por la intensidad de vida que se observa en él»; «Muy natural esta pobre y fea chica, sentada en una miserable cama de hierro disponiéndose a calzar sus medias inmundas», etcétera.
«El Salón del Ateneo»: salones que tuvieron una amplia repercusión en la prensa escrita. El de 1894 es culminante, ya que se vieron por primera vez «Sin pan y sin trabajo» de De la Cárcova, «El Corsario La Argentina» de Martín Malharro, «La Vuelta del Malón» de Della Valle, « Coquetterie» de Sívori, «Cascada de Iguazú» de Ballerini, «Apres le Bain» y «La Toilette» de Schiaffino. En «Recuerdos del Viejo Ateneo», publicado en 1915, Emilio Berisso escribe: «Para hallar reputación/Schiaffino pinta a destajo./Della valle da «Un Malón»/para hallar reputación./De la Cárcova al Salón/va «Sin pan y sin trabajo»/para hallar reputación/todos pintan a destajo». También es imperdible la nota de Rubén Darío en «La Prensa», 1895, en ocasión del vernissage del Salón. En este segmento se exhibe una pequeña joyita de Graciano Mendilaharzu, «La fabricante de plumeros» de la colección del flamante Museo Municipal de Bellas Artes de Tigre.
«El Desnudo, entre el naturalismo y el simbolismo» incluye los desnudos de carácter simbolista de Schiaffino, Caraffa, Rodríguez Etchart, De la Cárcova, Sívori, que se animaron a abordar este tema inquietante y contrario al «buen gusto» de ese entonces. Sin embargo el público admiraba y compraba los de los franceses Bouguereau y Lefevre por sus pieles nacaradas, así como los de Raphaël Collin, otro artista francés con el que estudiaron Schiaffino y Guttero.
«Trayectorias» muestra obras muy significativas pero poco conocidas de los artistas que integran la muestra, el boceto en terracota de «La Cautiva» (1905) de Lucio Correa Morales y también «Las Pecadoras» de Rogelio Irurtia, expuesta con gran éxito en la Exposición Universal de Saint Louis (1904).
En tiempos de emociones congeladas, esta muestra logra despertar sentimientos estimulantes, invita a apreciar la labor de sus organizadores, a reconocer en toda su magnitud la importancia de estos artistas y, como señala Américo Castilla, presidente del Comité Asesor del MNBA, «a los coleccionistas precursores que con generosidad donaron sus colecciones para crear y enriquecer este gran museo público». Clausura el 20 de agosto.
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