15 de diciembre 2003 - 00:00

Belloso: "Cada tanto hace falta relajarse"

Carlos Belloso
Carlos Belloso
Desde la cárcel al neuropsiquiátrico, los personajes televisivos de Carlos Belloso han recorrido las zonas más violentas y sórdidas de la marginalidad. Sin embargo, el actor de «Sol Negro» y «Tumberos» cuenta con una larga trayectoria teatral vinculada al humor.

Desde la semana pasada está haciendoun nuevo unipersonal titulado «¡Ojo!» en la terraza del Teatro Gargantúa ubicado en Jorge Newbery 3563.

Belloso
es un actor extremadamente dúctil y siempre dispuesto a incursionar en nuevos lenguajes teatrales. Su participación en «Intimidad» del escritor Hanif Kureishi (según la versión escénica dirigida por Gabriela Izcovich y Javier Daulte) tuvo una enorme repercusión aquí y en España.

También desempeñó uno de los protagónicos de «La niña santa», la última película de Lucrecia Martel, donde encarnó a un atildado y algo perverso médico de provincia que se debate en una lucha interna entre el bien y el mal. Dialogamos con él:

Periodista:
¿Qué características tienen los personajes de «¡Ojo!»?

Carlos Belloso: Este espectáculo es un poco más liviano porque decidí incluir algunas canciones mías que van a funcionar como hilo conductor. Esto de acompañarme con una guitarra me pone en una situación más relajada, transpiro menos y me sirve para probar nuevos matices y niveles de realidad.A la vez no evito contar mi historia que es la de un cancionista que tiene problemas con la vista y va a un oculista. Este lo deriva a un analista y a partir de ahí le diagnostican la pulsión del escapista. Entonces se va a ver a un mentalista que se le mete adentro por hipnosis. Después el mentalista se autohipnotiza y lo convierte definitivamente en un sonambulista. Esa es más o menos la historia.


P.:
Tal como la cuenta parece una canción de Leo Masliah.

C.B.: Puede ser, pero la base de esto fueron mis ganas de ofrecer una mirada sobre la mirada. Cuando trabajo sobre un escenario tengo muchos ojos sobre mí y pensé que era bueno trabajar sobre lo que percibo en esas miradas, desde lo biológico, la teoría lacaniana, Bataille, Foucalt...Así salió ese cuento sobre un cancionista que es miope y esto de cantar canciones acompañado de una guitarra contribuye a que el cuento se entienda cada vez mejor y tenga un sustento lírico.


P.:
¿Le sale naturalmente componer personajes como el Willy de «Tumberos» y el músico alienado de «Sol negro»?

C.B.: La cárcel está más cerca de nosotros de lo que suponemos. No es otro planeta. Tuve asesores que estuvieron presos y muchos de los extras que trabajaron en «Tumberos» también. Todos ellos aportaron mucha experiencia y anécdotas para el guión y fueron de una gran ayuda para el director Adrián Caetano. Para construir mi persona je tomé como referente a Ricardo III de Shakespeare. Es muy fuerte pensar en ese personaje y hacerlo hablar como alguien que estuvo en Devoto. Porque si solamente pienso en un preso como alguien que habla en jerga carcelaria y no le doy una estructura que trasunte su maldad o sus tendencias sanguinarias, termina resultando algo vacío. Para armar mis personajes tomo elementos de todos lados, no descarto nada, pruebo todo lo que tengo en mi cabeza. Incluso reconocí en Willy a algún jefe de pandilla de mi juventud en Munro.


P.
: Pero no necesitó internarse en ninguna cárcel ni hospicio como lo haría un Robert De Niro.

C.B.: En la actuación hay dos modelos muy fuertes. Está la escuela estadounidense donde los actores necesitan internarse ocho meses en el Africa para saber como piensa un africano, y por otro lado está la escuela inglesa que trabaja sólo con el texto y encuentra en él todo lo que necesita.A mí me parece que el actor argentino está tan bien conceptuado en otros países porque está preparado para reaccionar ante cualquier tipo de situación, ya sea a convivir con africanos o a recurrir a Ricardo III cuando se habla de una cárcel. Pero si yo considerara necesario tener que internarme para elaborar un personaje, lo haría sin dudar. Esto puede parecer un absurdo pero no lo es. Cuando hice el papel de sordomudo en « Culpables» tuve que tener varios encuentros con sordomudos para entender qué les pasaba a ellos. Creo que el público no tiene porqué enterarse de mis métodos de trabajo, lo importante es el resultado y yo llegué a un nivel de realidad en el que la gente pueda creerme, ya sea intepretando a Willie, a Ricardo III o al Dr. Peuser.

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