25 de abril 2001 - 00:00
"Bergman, no hace tanto, era popular como Brad Pitt"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Volker Schlöndorff.
Volker Schlöndorff: Mientras corría esta mañana vi la grúa que hay como monumento en Puerto Madero. ¡Es de la RDA! Allí está escrito Fábrica Propiedad del Pueblo Alemán. Me causó una especie de orgullo. Aunque sus máquinas eran del tiempo de Bismark, o de los '20, ellos eran el 15° país productor a nivel mundial. Pero de un día para otro sus mercados tradicionales de Europa del Este se vinieron abajo, y ellos también.
P.: ¿Cómo analiza sus propias películas agitadoras de los '70?
V.S.: No las analizo, las amo. Celebro haber filmado entonces, cuando el cine, la sociedad, y la política integraban un único gran debate. «El honor perdido de Katharine Blum» estaba en el centro de la polémica nacional. Ahora queda como testimonio, igual que «Los años de plomo», de Margarethe von Trotta. Desafortunadamente se ven poco. En cambio, por cable lo pasan dando las películas que hice en Norteamérica, como «La muerte de un viajante», o «Palmetto», que es divertida pero mala, pero al menos el millón que gané ahí me permitió hacer «...Rita». Pero son películas que hice para trabajar, para seguir en el maratón.
P.: ¿Cómo es eso?
V.S.: Cuando era asistente de «¡Viva María!», e iba a debutar con «Nido de escorpiones» («Der Jünge Torless»), el director Louis Malle me dijo: «¿Querés trabajar como director? Esto es como un maratón de 40 años, así que tomá aliento». Fue a mitad de los '60, qué lindo tiempo, cuando Bergman, Buñuel y Fellini eran tan populares como ahora es Brad Pitt. Hoy los jóvenes estudiantes sólo admiran el cine americano, pero ignoran quién fue John Ford. No quieren tomar los grandes modelos. Yo les digo «La vara está muy arriba, pero hay que saltarla, no pasarla por abajo». Pero ellos no tienen ambición de inscribirse en la historia del cine. Están con el clima general, que recompensa la mediocridad.
P.: ¿Qué quedó de aquellos tiempos?
V.S.: En el plano político hay algo interesante: en el gobierno alemán está la generación del '68 y después. Hace, según creo, un trabajo bueno, nada excepcional, pero tampoco como para avergonzarse. Sin embargo (igual que en «La leyenda de Rita»), estamos al final de la utopía. Todos fallaron. ¿Qué queda? ¿Aceptar el mundo como es? ¿O la gente necesita siempre una utopía? ¿Cuál será la próxima?




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