Julio Chávez, elogiado y premiado en la anterior edición del
Festival de Berlín por «El custodio», protagoniza «El otro»,
film de Ariel Rotter, que más allá de su intención artística
tiene poco que decir.
Berlín - Dentro de una competencia oficial que recién empieza a mostrar algún chispazo de calidad (ver vinculada), el argentino Ariel Rotter presentó ayer en la Berlinale, «El otro», una coproducción entre Argentina, Francia y Alemania, cuyo costo de 800.000 dólares es tan mínimo en términos internacionales como la estética austera que la anima. Películas como ésta, con miga narrativa y acción deliberadamente escasas, obligan a preguntarse -sin ánimo de ofender a sus creadores- para qué se hacen, a qué público se dirigen. Por supuesto que los films de autor, radicales e independientes, tienen cabida en el variado universo cinematográfico. Pero la etiqueta artística no es suficiente, para justificar realizaciones bien intencionadas que no pasan de ser un ejercicio de estilo.
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Bien visto, «El otro» es un cortometraje de noventa minutos, en torno al viaje de un abogado, que tras saber que será
Julio Chávez, elogiado y premiado en la anterior edición del Festival de Berlín por «El custodio», protagoniza «El otro», film de Ariel Rotter, que más allá de su intención artística tiene poco que decir.
padre se asoma al adulterio, asiste al entierro de un hombre cuyo nombre ha usurpado, y atiende a su padre enfermo (las dos escenas más cálidas de la película).
El personaje interpretado por Julio Chávez -quien, como se sabe, maneja elocuentemente los rasgos faciales, a falta de diálogo y acción- ofreció al público de la Berlinale un contraste notable con el de «El custodio», el film de Rodrigo Moreno que compitió el año pasado. Pintaba a un personaje sin vida propia, cuyo universo vacío se diseñaba elocuentemente gracias a un guión bien estructurado. En «El otro», un guión sin mayor pulido no cuaja en un personaje verosímil.
Rotter explicó en la rueda de prensa las intenciones de la película. Las imágenes no terminaban de hablar por sí mismas.
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