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14 de agosto 2008 - 00:00

Buen cierre para saga sobre la mafia china

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En "Election 2". Johnny To muestra el peso de la tradición en los mafiosos modernos, siempre mezclando escenas de acción y violencia con el estilo elegante que atrae a organizadores de festivales.
«Election 2» (Hak se wui yi wo wai kai, Hong Kong, 2006, habl. en chino). Dir.: Johnny To. Int.: Louis Koo, Simon Yam, Nick Cheung.

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Con su saga de «Election», el director ch no Johnny To ha intentado emular la de «El Padrino» pero centrándose solamente en la adaptación al mundo moderno de las milenarias y temibles triadas. En el film anterior mostraba cómo la supuesta democracia de la mafia china, que por tradición supuestamente elige a su jefe en una votación, en realidad derivaba en masacres parecidas a las del crimen organizado de cualquier otra etnia. A su vez, en esta secuela, invierte de algún modo las cosas mostrando cómo el peso de la tradición sigue dominando todo intento de los mafiosos modernos por asimilarse a hombres de negocios con empresas legales.

Simon Yam es el afortunado Padrino que concentró todo el poder mafioso y que ahora ve cómo intentan serrucharle el piso. O mejor dicho, el cuello, ya que estos gangsters orientales no se andan con pequeñeces.

Si bien el director To mantiene el estilo artificioso, elegante y excesivamente dialogado con el que supo adaptar a los festivales el tipo de cine de super acción y violencia de Hong Kong, en «Election 2» se permite volver a las fuentes al menos en un par de secuencias memorables que justifican por sí solas la visión de la película. En especial, una batalla campal con gangsters provistos de enormes cuchillas mezcla dosis de suspenso y violencia como hace tiempo no se veía en las producciones de ambiente urbano chinas, lo que implica escenas filmadas con un realismo que no tiene nada que ver con los duelos voladores de los films de espadachines tipo «La casa de las dagas voladoras». La historia de cómo Jimmy (Louis Koo), el segundo del capo, intenta trepar en la escala mafiosa para modernizar la organización, está bien contada sin dejar de ser un poco previsible, salvo el soprendente desenlace en el que el guión hace sus apuntes sobre la mafia china y la tradición. En general, esta secuela tiene las mismas virtudes y defectos que su predecesora, con la excepción de la trifulca a cuchilladas, todo un ejercicio de estilo en violencia hongkonesa.

D.C.

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