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27 de octubre 2008 - 00:00

Buen momento del arte local, pese a la crisis financiera

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La obra del artista tucumano Sandro Pereira, un ejemplo del nivel de excelencia de la megamuestra de arteBA, Límite Sud/South Limit, una de las varias que se pueden visitar hoy en Buenos Aires.
Las actividades artísticas no se improvisan, se programan por lo general con meses e incluso años de anticipación, y es un hecho fortuito que con su clima de celebración se sucedan sin pausa en estos días aciagos, cuando las turbulencias financieras nacionales e internacionales repercuten en casi todos los mercados, incluido el del arte.

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El ánimo de los argentinos no es el mejor, pero la apertura de la Colección de Arte de Amalia Lacroze de Fortabat es algo que se festeja, al igual que el traslado del mural que pintó el mexicano David Alfaro Siqueiros, que salió de una penosa playa de grúas bonaerense a la Plaza Colón para ser restaurado. También se celebró la inauguración de Límite Sud/ South Limit, la megamuestra que arteBA y el Gobierno de la Ciudad inauguraron la semana pasada en el Centro de Exposiciones y, finalmente, la presentación de la cuarta edición de Buenos Aires Photo, la única feria de arte especializada en fotografía de Latinoamérica, que el martes abrirá sus puertas en el Palais de Glace con más de 35 galerías de 10 países del mundo.

Como anticipo de la ostentosa visibilidad del arte y de esta seguidilla de actividades, el Edificio del Plata enclavado en el corazón de Buenos Aires amaneció hace unos días con una segunda piel: una tela de casi 3.000 metros cuadrados con una bella pintura de Fabián Burgos que cubre toda la fachada.

En el vernissage de Límite Sud/ South Limit, una performace de Marta Minujín, «Artción», irradiaba la energía positiva que parece concentrar el arte aún en circunstancias poco afortunadas. La diva de Pop argentino y su equipo de bellos modelos profesionales, enfundados en blancos overoles fumigaron los alrededores del Centro de Exposiciones con un perfume que se expandió por la atmósfera al son triunfante de unos clarines. «Fue como una burbuja que brindó la posibilidad de aislarse, aunque sea durante unos minutos, de la realidad del país», observó la artista.

El nivel de excelencia de la producción contemporánea argentina se adivina en las obras de más de 40 artistas de Latinoamérica que exhibe la megamuestra. Allí están los facetados acrílicos de Rogelio Polesello potenciando el esplendor de sus coloridas pinturas; los corredores en posición de largada del tucumano Sandro Pereira (un artista cuya gracia se presiente como algo inagotable); las formaciones de inspiración geológica de Nicolás Mastracchio (un buen heredero de León Ferrari); los seductores mapas de Javier Barilaro con sus países espejados y sus elocuentes carteles; las perfectas intervenciones sobre la iconografía de unos grabados del siglo XIX del colombiano Jaime Tarazona; los tubos vidriados de Mónica Van Asperen, y la belleza de un bosque en las ramas ploteadas y los pastos de metal de Fabiana Imola.

Entre las obras más llamativas están las maquetas con escenas nocturnas e irracionales de Dino Bruzzone (unas cajas negras que esconden, envueltos en la bruma, el masoquismo y el sadismo góticos actualizados por la música de Lou Reed); la video-instalación de Jorge Macchi en un cuarto que genera la sensación de caer en un abismo, y la nostalgia desesperada de la de Alexander Apóstol (con la simple y a la vez compleja historia de unos viejos inmigrantes cuyo escenario es una pileta de natación). Está también la excelencia de las pinturas de Eduardo Stupía y de Juan José Cambre, quien relata la rutina que acompaña la creación en un cuadro que revela todos los pasos del proceso de realización. La pintura es abstracta, pero «habla» sobre el trabajo de pegar la tela en la pared y enmascararla, y de los juegos con las transparencias, las chorreaduras y los matices del color.

Lo cierto es que en un galpón literalmente iluminado por el arte, la Fundación arteBA logró lo que quería: reforzar su presencia y romper el silencio que establece la Feria anual. La apuesta de su presidente, Facundo Minujín, el vicepresidente Alejandro Corres y de Marga Macaya, Teresa Frías, Julia Converti, Maia Güemes y Majo Oliva, entre otros directivos, es consolidar el corredor cultural que une a la Argentina con Brasil para atraer a Buenos Aires a los coleccionistas, operadores y teóricos que recorren el circuito internacional y que llegaron a la Bienal de San Pablo que se inauguró ayer.

Hay, sin embargo, otro abismo que separa el mercado internacional del local, y para atisbarlo basta consultar los precios de las obras. Mientras la galería madrileña Distrito Cuatro comercializa una videoinstalación del venezolano Apóstol por 16.000 euros, la porteña Loreto Arenas vende unas botellas de Minujín con un dibujo en su interior por 600 dólares. Se trata de un caso extremo, pero es un caso real.

A pesar de todo, a pesar de la adversidad del contexto económico y de la falta de dinero para grandes inversiones, el gran momento del arte argentino parece haber llegado. El catálogo del remate de arte latinoamericano de la casa Christie's de Nueva York nos brinda una señal: ostentará en la portada por primera vez una obra argentina, un arlequín de Emilio Pettoruti estimado entre 700.000 y 900.000 dólares, y en la contratapa una pintura de la época Pop de Jorge de la Vega, cuya base oscila entre 350.000 y 450.000 dólares. La subasta, programada antes de la crisis financiera, es el 19 de noviembre; hay 33 argentinos sólo en Christie's, y las portadas, lugar de honor por excelencia, tienen un atractivo especial para los coleccionistas.

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