10 de diciembre 2003 - 00:00

"Busco el choque entre la poesía y la realidad"

Antonio Skármeta
Antonio Skármeta
Antonio Skármeta logró con «El baile de la Victoria», que cuenta de dos ladrones que por amor buscan ayudar a una bailarina, los 601 mil euros (unos 700 mil dólares) y una primera edición de 210 mil ejemplares del Premio Planeta 2003. Skármeta alcanzó la popularidad con su novela «El cartero de Neruda» (llevada al cine por Michael Radford con el titulo «Il Postino»), dirige el programa de televisión por cable «La torre de papel», que se emite semanalmente desde Estados Unidos a la mayoría de los países latinoamericanos, y fue designado por el presidente Ricardo Lagos embajador de Chile en Alemania. Dialogamos con él sobre su nueva novela.

Periodista:
¿Cómo surge en usted «El baile de la Victoria»?

Antonio Skármeta: Como todas mis obras tiene un proceso de creación largo en el que espero que emociones, que me confunden y me distraen de la vida cotidiana, se consoliden para que piense que llegó el momento de ponerme a escribir. Cuando escribí «La boda del poeta», lo hice 50 años después de que mi abuela me contara una historia, ocurrida en Dalmacia, sobre un hombre rico que se casó con una chica muy joven, y lo que ocurrió en la boda. Sólo cuando sucedió la Guerra de los Balcanes recordé ese mundo, tan distinto al del conflicto, que me contó mi abuela cuando tenía ocho años. Fue como una rapiña latinoamericana del pasado europeo (ríe). Igualmente, los personajes de «El baile de la Victoria» me venían dando vuelta desde hace mucho.

P.: No sólo vuelve a personajes, tambien a temas...

A.S.: Shakespeare dijo que cuando enterramos a un hombre queda con sus huesos todo lo bueno que hizo, y lo malo se recordará, porque el daño queda para siempre. Hay temas que me son constantes, como la herencia, lo que se deja. Mi concepto de la humanidad es un poco melancólico, creo que el hombre es un ser vulnerable, frágil, sometido a permanentes presiones y que, en su mayoría, sobrevive sin poder acceder a lo que quisiera ser en sus sueños. Me atraen esos antihéroes que quisieran ser algo pero postergan indefinidamente esa decisión hasta que la muerte los sorprende sin haberla llevado adelante. Me gusta detectar gente que siente la nostalgia del ideal no realizado. En la novela Vergara Grey, un artista del robo, delincuente de guante blanco, retirado, es despreciado por su familia y rechazado por su hijo, que quiere cambiarse el apellido.


P.:
Eso lo compensa con un muchacho que lo admira.

A.S.: Es una curiosa fraternidad.A Ángel Santiago, luego que hiciera un robo menor, el padre lo mete en la cárcel «para hacerlo hombre». Sale hecho un delincuente más avezado, que busca a un maestro para dar el gran golpe: Vergara Grey.


•Picaresca

P.: Pero todo cambia cuando aparece el tercer personaje.

A.S.: Victoria es una chica que ha perdido a su padre y volcado su dolor en la danza.Y por la danza despierta el amor y la amistad de esos dos pícaros, que intentan ayudarla a concretar sus sueños. Y, ayudándola, descubren que tienen una potencia de humanidad, de ingenio, enorme.


P.:
¿No es todo esto demasiado sentimental?

A.S.: A mi me interesa ese mundo de sentimientos intensos, no para celebrarlos de manera romántica ni sentimental sino como un paliativo del dolor de la existencia, por eso busco esos pícaros que van por la vida con buen humor. Mi literatura es realismo poético, muestra el choque de esos personajes hechos de poesía con la realidad, ese drama hace a mi escritura.


P.:
Hay críticos que cuestionan que cuente historias emotivas, y que sea bestseller...

A.S.: Hay un prejuicio bastante extendido de que un autor que vende mucho sus obras debe estar en una categoría inferior. Y «El cartero de Neruda» lleva 40 ediciones, está en 27 idiomas y se reedita cada año. En tanto que el que no vende, que tienen oscuridades que sólo parecieran poder entender, y explicar, críticos y académicos, es superior. Esos críticos le reprochan a la cruel sociedad que esos libros no sean percibidos. Con esas categorías García Márquez es un mero fabricante de productos para el consumo masivo. Ser bestseller es algo imprevisible, posterior a la escritura. Hay escritores que por ser artesanos no llegaron a la etapa industrial y se quedaron encerrados en su propio territorio. Claro, cuando yo recibo por «La boda del poeta» el Premio Medici, cuando eran finalistas Lobo Antunes y Coetzee, eso tampoco gusta a esos críticos.


•Contra los críticos

P:: ¿Por eso cuestiona en su novela la forma de leer de profesores y críticos?

A.S.: A mi me importa la claridad junto a la profundidad. Mi novela esta llena de datos al pasar, alusiones a vidas de santos, personajes secundarios de Shakespeare, no se olvide que, además de escritor profesional con una veintena de obras, soy profesor de literatura comparada. Pero yo no estoy por la literatura de la pedantería, y la especulación culta está cuestionada en «El baile de la Victoria». Es que no hay cultura si la cultura no se revitaliza en la gente, si la gente no esta conectada con lo que lee. Lograrlo es mi esfuerzo mayor. La literatura desemboca en el lector, es parte del acto creador. Yo entro en mis tinieblas para finalmente entregar una obra clara. Ortega y Gasset nos enseñó que «la claridad es la cortesía del filósofo». Si el análisis literario no está al servicio del poema, lo mata.


P.:
¿Qué le significó el premio Planeta?

A.S.: Una primera edición de 210 mil ejemplares. Para un escritor ampliar el horizonte de lectores es la gloria.


P.:
¿Y los 700 mil dólares que acompañan el premio?

A.S.: Un escritor profesional lo que quiere es seguir escribiendo, un premio así
despeja el camino de preocupaciones.

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