Por primera vez se podrán ver en la Argentina los trabajos del artista chino que utiliza las explosiones para crear sus obras. Paisajes de Salta e Iguazú y las milongas porteñas emergen de la resignificación de un material siempre asociado a la violencia.
Cai Guo-Qiang retocando su dibujo con pólvora "Agua grande", Galpón de la Boca, Buenos Aires, 2014. (Foto: Santiago Porter - Prensa Fundación PROA).
Cai Gou-Qiang inaugura este fin de semana en Fundación PROA, pero su estadía argentina comenzó hace muchos meses. El artista chino exhibe por primera vez en el país una serie de obras realizadas especialmente para la ocasión. "Impromptu" reinterpreta los usos de la pólvora para materializar impresiones y reflexiones recogidas durante su viaje a las Cataratas del Iguazú, a Salta y las imágenes captadas en las milongas porteñas.
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En el edificio lindero a Caminito. Cai aguarda a la prensa para recorrer la muestra junto a sus traductoras. Pese a que reside en Nueva York hace casi 20 años, no habla inglés. El diálogo con los periodistas será a tres voces: él, su traductora del chino al inglés y su traductora del inglés al español. Le gusta hablar, explicar sus obras, contar los cómo, los por qué y quiénes lo ayudaron.
En la Sala 1, donde recibe a los visitantes una instalación inspirada en los clubes de tango, el artista habla con los primeros acordes de La Cumparsita de fondo. Provienen de las sillas y banquetas colgadas del techo devenidas en cajas de música; de ellas cuelgan hamacas donde reposan parejas de tango en pose. El golpe de efecto es casi instantáneo: ingresamos al mundo de impresiones de Cai, donde nos recibe su interpretación de una milonga.
Recién en la Sala 2 aparecen los trabajos insignia del artista. Son las obras que preparó durante las últimas semanas en un galpón de la calle Pinzón. Con la ayuda de estudiantes del UNA (ex IUNA) y la Escuela Municipal de Cerámica de Avellaneda Cai plasmó con pólvora el cementerio de la localidad salteña de Cachi, las Cataratas del Iguazú, parejas de tango y animales autóctonos.
"Traté de usar el espacio triangular del salón para que los tres trabajos dialoguen entre si", explicó. En "Agua grande" el salto nos llega en forma de impresión causada por el agua y la humedad del ambiente. "Centinelas del Valle Encantado" es lo opuesto, el clima es cálido y desértico, mientras que en un paisaje del cementerio de Cachi "intenté captar las cualidades de la luz, cómo se reflejaba en las tumbas", contó Cai.
• Una técnica como sello personal
Durante varias jornadas, Cai se valió de la ayuda de estudiantes para dar vida a los trabajos. Su técnica, casi un ritual, inicia con el dibujo con fibras y tintas sobre papel madera. Luego, sus colaboradores recortan con trinchetas los bordes de las figuras y quitan las formas. En un trabajo conjunto trasladan el inmenso papel sobre un lienzo para que el artista, ahora devenido en chamán, esparza la pólvora. La pareja bailando el tango y los animales autóctonos ahora pasaron de un soporte a otro; allí están sus líneas trazadas con la pólvora que cayó en las siluetas antes cortadas. Solo resta arrojar algunas mechas, cubrir con un papel especial y encender el fuego. Una explosión y listo, la obra está casi concluida.
Si bien abandonó China - "el arte fue una forma de liberarme de un sistema muy represivo"- y se trasladó al corazón del capitalismo, la cultura de lo colectivo permanece vigente en su forma de trabajar. Cai no solo generó un espacio de aprendizaje para estudiantes en Buenos Aires, si no que también se involucró con los vecinos de La Boca. Durante la recorrida con la prensa agradeció en reiteradas oportunidades la colaboración. Consultado por ámbito.com sobre al lugar en el que se coloca cuando trabaja con colaboradores, sostuvo que se trata de un "proceso de aprendizaje mutuo".
"Una de las cosas que trato de enseñar es a trabajar con la pólvora, porque es algo que siempre se ha usado para la guerra o con fines violentos. La otra cosa que trato de mostrar es el proceso creativo: cómo visito los sitios y cómo eso se incorpora con mi inspiración en el trabajo", afirmó.
Cai reveló que comparte con los estudiantes sus sentimientos e ideas. "Esto es algo con lo que mantengo comunicación no solamente con los voluntarios, si no también con la audiencia durante los procesos. Les cuento acerca de mis miedos, las cosas con las que tengo que tener cuidado y las metas a las que aspiro con mi obra", agregó.
En la Sala 3 y 4 continúan los trabajos con pólvora y aparecen los videos. Son registros fílmicos de la instancia de producción y de sus "proyectos de explosión", espectáculos con fuegos artificiales diseñados por el artista, su otra insignia. El 24 de enero montará en Vuelta de Rocha uno de ellos que durará 80 minutos. Cai está entusiasmado con este evento cuya grabación formará parte de una película documental sobre su vida.
La exposición se extiende a la librería de PROA, donde una enredadera de 600 flores y casi 1.000 hojas de cerámica sometidas también a una explosión desciende desde el techo. "Quería retratar la libertad y el romanticismo. Entonces le pedí a los estudiantes que tratarán de pensar en el tango y en dos lianas de enredadera que se entrecruzan como un hombre y una mujer bailando al ritmo del tango", detalló el artista.
El trabajo de Cai resignifica el aspecto trágico y efímero de la pólvora. Inmortaliza la belleza de un paisaje con un material etéreo. Una vez que se produce la explosión no hay vuelta atrás. En palabras de él: "Mi tipo de arte es como hacer el amor o bailar tango. Tiene que haber improvisación y estar muy presente. No puede haber arrepentimientos".
"Impromptu" podrá verse a partir del 13 de diciembre y hasta el 1 de marzo en Fundación PROA (Av. Pedro de Mendoza 1929), de martes a domingo de 11 a 19.
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