24 de mayo 2001 - 00:00

Candoroso thriller político y sexual

Joan Allen.
Joan Allen.
Quizá, sólo en una sociedad que durante tanto tiempo vivió obsesionada con el habano de Bill Clinton podía producirse una película como «La conspiración». No se trata, en realidad, de un mal thriller político; tampoco puede reprochársele que no entretenga al espectador. Las actuaciones de Jeff Bridges, Joan Allen y el diabólico Gary Oldman son, además, formidables. Pero, ay, ese candor que sostiene toda la intriga y ese secreto que se revela en el desenlace, poco antes del edificante discurso presidencial, podrían parecerle al público de otra cultura política, algo así como una clase de ballet de Annie la huerfanita en Fuerte Apache.

«La conspiración» tiene que ver con la conducta de la clase dirigente y con el pasado de los dirigentes bajo las sábanas. Inspirada ligeramente en clásicos como «Caballero sin espada» (desde luego, Rod Lurie no es Frank Capra, ni los criterios de verosimilitud de entonces son los de ahora), la película parte del momento en que, muerto el vicepresidente de los Estados Unidos, el presidente tiene debe elegir a su sustituto. Claro, el tema del vacío en la vicepresidencia también conmueve al país.

Candidata

El candidato seguro para la sucesión es el gobernador Hathaway, pero un hecho fortuito, que después tendrá algunas vueltas argumentales, termina por marginarlo. Entonces, el presidente (un eficaz Jeff Bridges) saca una insospechada carta de la manga y designa a la senadora Hanson (magnífica Joan Allen), una política liberal, demócrata, aunque de familia republicana, y futuro centro de los ataques del senador Runyon (el mefistofélico Oldman), quien preside la comisión para confirmarla en su cargo, en un escenario donde las elecciones generales están próximas.

¿Qué se esconde en el pasado, aparentemente irreprochable, de la senadora Hanson? Una vieja película pornográfica casera, presumiblemente filmada en el campus de la universidad a la que ella asistía, tiene una protagonista que se le parece muchí-simo. ¿Es ella?

Producido el descubrimiento, el debate y el suspenso del film ya no se apartarán de ese carril. Tampoco el empecinamiento en el puritanismo de las discusiones, aun cuando su espíritu sea combatirlo. El final se asemeja menos a «Todos los hombres del presidente» que a «Día de la independencia», aunque los enemigos no sean los marcianos, sino los republicanos. Película partidista, sin duda, pero con toda la inocencia en el corazón.

Dejá tu comentario

Te puede interesar