Carlos Busqued, un narrador feroz e incómodo que se fue muy pronto

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Preparaba una segunda novela sobre nostálgicos del nazismo que se van a la Antártida.

La muerte del chaqueño Carlos Busqued provocó una conmoción en el universo cultural. Con sólo dos libros, la novela “Bajo este sol tremendo” y una crónica de no ficción (“Magnetizado”) dejó una marca profunda en las letras y su muerte desató consternación, acaso porque era un provocador sarcástico, lúcido, tanto en su blog (borderlinecarlito) como en Twitter (@unmundodedolor).

Murió a los 50 años, como Rodolfo Walsh o el chileno Bolaño, al caer de una escalera, como Miguel Briante, en su caso mientras hacía ejercicio. Su desaparición interrumpe una obra valorada, como en el caso de los suicidas Jorge Barón Biza, Salvador Benesdra o Gabriel Bañez. En lugar de una larga enfermedad como a Leopoldo Brizuela o Rodolfo Rabanal, fue la instantaneidad de un infarto lo que lo hizo rodar por las escaleras y desató su muerte.

Busqued, desde su opera prima, se había vuelto internacional. El sagaz editor catalán Jorge Herralde, luego de leer el manuscrito de “Bajo este sol tremendo”, le propuso integrarse, más allá del concurso en que participaba y que no iba a ganar, a su famosa colección de libros amarillos.

En tanto, el madrileño narrador y profesor de economía David Pérez Vega dio una contundente explicación: ¨Buqued ha sido un escritor admirable, conciso, oscuro, incómodo, que con una obra escasa pero muy potente hizo un aporte clave a la nueva narrativa latinoamericana, debería ser convertido en un mito literario¨.

“Tenía una capacidad muy extraña de captar lo monstruoso de la gente”, dijo el chaqueño Mariano Quirós,¨y al mismo tiempo ser capaz de ir al encuentro de lo más bondadoso de las personas. Era un escritor cerrado, inteligente, riguroso, obsesivo y, a la vez, un tipo encantador”.

Busqued había nacido en Roque Sáenz Peña, Chaco, en 1970. En 1987 pasó con su familia a vivir en Córdoba, allí se recibió de ingeniero industrial (como Boris Vian), y desde 2007 residió en Buenos Aires donde fue primero profesor de Análisis Matemático III y luego participó del sector editorial de la UTN.

Al difusor cultural Sebastián Lidijover le comentó que quería dar un taller de escritura con conceptos de física e ingeniería, enseñar a pensar la trama contemplando cuánto pesa cada personaje y cómo el peso de cada uno afectaba al conjunto, a las acciones y a los momentos del relato.

En Córdoba, en una entrevista de Juliana Rodríguez para el programa “Escribir”, usó su hobby de armar maquetas de aviones para señalar los pasos que son necesarios, lo importante de instalar bien las piezas, la desesperación por concluir y lograr sensación de verosimilitud. Y concluyó: “sufro mucho escribiendo, pero amo haber escrito”.

Sobre su opera prima, “Bajo este sol tremendo”, confesó: “la escribí para sacármela de adentro”. Ese “sacársela” le llevó varios años. Es la historia de un desempleado que vive anestesiado fumando porro, y debe volver al Chaco para reconocer los cadáveres de su madre y su hermano, asesinados a escopetazos.

Para Herralde era una historia imperdible. Para Pérez Vega “uno de los thrillers más impactantes e inclementes”, para Matías Niespolo “encierra muchas lecturas y todas son terribles”. El profesor Lucas Anton dijo “es una novela shockeante que vino de la nada, un mundo turbio de personajes extremos. Busqued, como Arlt, nos enfrenta con una sequedad feroz a temas de los que no se había hablado”. Para Adrián Caetano, que la llevó al cine como “El otro hermano”, “atrapa porque trata de un mundo extinto, opresivo, donde un tipo común se va volviendo un delincuente; no es de género pero te lleva al policial negro”.

En “Magnetizado”, su segunda obra, para contar la historia de Ricardo Melongo, un asesino serial que a los 19 años mató a cuatro taxistas y hace 35 años que está encarcelado, Busqued construye una extraordinaria crónica sin cronista donde la historia se desliza por las palabras de otro. Es una novela de no ficción a partir de una persona real que tiene como antecedentes las de Capote, Brian Master y Emmanuel Carrère. Pero que a diferencia de ellos, realiza la abstención de todo juicio moral sobre el criminal y no busca diferenciarse de él con una jerárquica distancia. La historia de Melongo ya había sido usada por Luis Gusman como parte de su novela “La música de Frankie”. “Cuando leí en un diario que el asesino de taxistas había abandonado en el asiento ´A sangre fría´ de Capote lo pensé como un personaje de lo que estaba escribiendo¨, evocó Gusman. ¨Tiempo después, en mi consultorio, una psicóloga me contó que estaba escribiendo la historia de Melongo y le informé que yo ya había escrito sobre ese caso, y luego me enteré que había aparecido ´Magnetizado´, la novela de Busqued”. Organizando esa crónica negra de un asesino serial como una carpeta de expedientes, Busqued logra una magnética obra maestra sobre la fragilidad de la cordura y lo incognoscible de la mente humana. Solía decir “me gusta entretener al lector” y “una buena historia es la que agarra un tema, un personaje, y los sigue hasta el final”.

Antes de morir estaba trabajando en una novela que transcurre en Córdoba en medio de un grupo de nazis nostálgicos que planean ir a la Antártida, donde está Hitler con cuarenta platos voladores, esperando para volver, como el último avatar de Vishnu, para limpiar el mundo. Estaba armando con una editorial argentina la publicación de una selección de lo que escribió en su blog. Quedan, además, sus cuentos dispersos en revistas como “El ojo con dientes”. Un gran escritor argentino, temible ironista, pensador reflexivo y sarcástico ha muerto, su leyenda acaba de comenzar.

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