«Timón», el cuadro que da título a la muestra de Blas Castagna en Van Riel exhibe una economía de recursos poco frecuente en el corpus de la obra de este estupendo artista.
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En una ocasión se preguntó ¿qué es lo sagrado? Y su reflexión lo llevó a pensar que todo acto que se cumple es a partir de un profundo, necesario y absoluto deseo. «Me interesa lo hecho espontáneamente, por necesidad, un nudo de alambre, la abertura de una lata hecha con un punzón, una madera labrada. Estos gestos espontáneos, signando la materia, son para mí tan valiosos como el hallazgo de un material cualquiera erosionado por el tiempo y la naturaleza».
Son estos materiales que el artista descubre y va utilizando en sus tramas constructivas, en sus composiciones en las que la abstracción y la figuración se conjugan, en una tarea de orfebre sobre metales que podrían ser desechables. Otra frase de poeta: «Una buena parte de mi trabajo siente el viento y mira el agua». Así es como a veces evoca el azul del Mediterráneo, el tierra del Río de la Plata.
En esta muestra, cuyo tema es el timón, y en un cuadro que lleva ese título, éste aparece en una tonalidad gris blancuzca, bordeado por trazos negros, recorrido por leves grafismos sobre una arpillera color verde turquesa, una tonalidad que no le conocíamos. Lo destacamos por su economía de recursos, algo no frecuente en el corpus de su obra, «tengo tendencia al horror vacui», confesó alguna vez, con excepción de ciertas obras blancas surgidas en su viaje a Grecia, en texturas combinadas con arenas y otros materiales y en los que por contraste aparecen algunos azules del Mediterráneo. Timón alude a viajes, verdaderos, mitológicos, y a los de la memoria y el deseo. Por supuesto a barcos. Aquellos con los que
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