1 de agosto 2008 - 00:00
Castagnino: 40 años de humanismo
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En el centenario del nacimiento de Juan Carlos Castagnino, el Museo de Bellas Artes propone un recorrido por su obra, teniendo como eje su preocupación por el hombre y su tiempo.
En 1965 , en su taller de Roma, realizó homenajes a grandes artistas acerca de los que escribió en su cuaderno de notas. Por ejemplo, «La luz y la sombra en Goya, luces y sombras imaginarias, mundo plástico convertido en expresión de la locura, no es representación de la locura», o sobre Matthias Grünewald: «Variaciones con el Cristo. Crucifixión (imagen del hombre), elocuencia sin pasionalismo, riesgo de una proclamación retórica. Cuerpo del hombre, crónica actual con fondo de Grünewald».
En 1968 realiza «Sudario América», una serie inspirada en ese famoso retablo del siglo XVI, sólo que el sudario revela la efigie del Che Guevara.
También de Roma y de 1965 es el «Homenaje a Boccioni». A los planos arquitecturales de la ciudad en la parte superior se suman las multitudes mezcladas con collage de diarios a manera del torbellino futurista, una interpretación de las movilizaciones en las calles de las que fue testigo.
La serie sobre Vietnam, tintas con pincel y aguada así como las del Cordobazo a fines de los 60, una crónica de esos trágicos acontecimientos en los que combina las imágenes fotográficas de los diarios y las que se muestran por primera vez sobre su asombro ante los satélites rusos en el espacio. Las figuras femeninas y masculinas muestran sus indagaciones sobre los temas inherentes al hombre y un ir y venir por su propia obra.
Para los memoriosos la muestra de 2001 en el Centro Cultural Recoleta, « Castagnino. Otra mirada», bajo la curaduría de Martha Nanni, y este nuevo abordaje curado por Clelia Tarico rompen con cierto encasillamiento de un artista cuyo arte estuvo volcado a la dignificación del hombre, opuesto a toda violencia y que intentaba comprender la compleja situación de su contemporaneidad.
Tanto al entrar como al salirde la sala es un gran placer demorarse ante una delicada tinta sepia sobre papel, « Tumulto», que aunque fechada en 1966, revela la influencia de los grandes maestros chinos con los que se relacionó en su viaje de 1953 y a quienes admiraba por la continuidad y conservación de tradicionales preceptos de oficio, entre ellos, «buscar el ritmo vital, dar la estructura esencial de la línea, preparar los colores, la tinta y los pinceles, caracterizar el personaje, enriquecer las posibilidades mediante el estudio de los antiguos.»




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