14 de marzo 2008 - 00:00

Celebra España el arte de Modigliani

«Retrato de mujer polaca», de Amedeo Modigliani (1919). Oleo sobre lienzo perteneciente al Museo de Arte de Filadelfia, que viajó a la exposición madrileña.
«Retrato de mujer polaca», de Amedeo Modigliani (1919). Oleo sobre lienzo perteneciente al Museo de Arte de Filadelfia, que viajó a la exposición madrileña.
Simultáneamente en el Museo-Thyssen-Bornemisza y La Fundación Caja Madrid se exhibe hasta el 18 de mayo la exposición «Modigliani y su tiempo» (1884-1920) que consta de 130 obras procedentes de museos, instituciones y colecciones privadas y que cubre el período desde su llegada a París en 1906 hasta su muerte.

En el primero se encuentra la sección correspondiente a la relación de Modigliani con sus maestros, Van Gogh, Gauguin, Toulouse-Lautrec, y en la segunda, su relación con sus amigos, entre ellos, Maurice Utrillo, Manuel Ortiz de Zárate, Foujita, Chagall, Van Dongen, Jacques Lipchitz y Brancussi. Modigliani siempre fue adorado por el gran público y se convirtió en leyenda a partir de su prematura y trágica muerte a los 36 años. No pensaban así las élites artísticas y vanguardistas, más bien le achacaban no haber realizado ninguna innovación en el campo de la pintura además de insertarlo, según señala Francisco Calvo Serraller en su agudo ensayo, en ese « cajón de sastre» de la llamada Escuela de París donde iban a caer todos aquellos con los que no se sabía qué hacer. Pero tampoco se había analizado su obra en profundidad, considerada sentimental y convencional.

  • Personalidad

  • Bohemio, de naturaleza enfermiza, alcohólico, adicto a toda clase de estupefacientes, las mujeres lo amaban y protegían, tenía pasión por los libros, le gustaba razonar y discutir, citaba a Schopenhauer y Nietzsche que junto con Dante figuraban como sus autores de cabecera. En los cafés recitaba en voz alta a Rimbaud y Baudelaire, y siempre llevaba en el bolsillo de su chaqueta un ejemplar de los Cantos del entonces casi desconocido Isidoro Ducasse, Conde de Lautréamont.

    Cuando se instaló en París a los 22 años, era un artista formado que había pasado por Florencia, Roma, Nápoles, donde tuvo la oportunidad de conocer, además de la técnica, lo mejor de la historia del arte italiano y de la antigüedad. Pero en París contempló la obra de los maestros contemporáneos, los fauves, los inicios del cubismo, y a la vanguardia parisiense.

    Picasso ejerció un extraordinario magnetismo sobre Modigliani así como Brancussi, que despertó su interés por la escultura a la que se abocó entre 1909 y 1914 en medio de los grandes cambios de esta disciplina, y que sería un factor determinante en su futuro pictórico pero que debió abandonar por sus problemas físicos.

    Según Calvo Serraller, la experiencia escultórica lo ayudó a conseguir una síntesis lineal más radical así como «aplanar» la profundidad del campo visual. En su obra puedenencontrarse influencias del pasado de la historia del arte pero interpretadas con una visión moderna. Las figuras alargadas, estilizadas, le vienen a Modigliani del manierismo y también del ritmo de Matisse y los desnudos aparecen siempre lozanos, firmes, una encarnación de los últimos vestigios del romanticismo y con gran protagonismo de la línea.

    Tanto en los desnudos y retratos, abordados de manera narrativa, en primer plano, apeló al recurso de anular la mirada, una suerte de pudor ante el observador. En su corta vida fue más querido y compadecido que apreciado como artista, «el pobre Modigliani», así se lo llamaba, tenía una permanente ansiedad e insatisfacción respecto a su arte.

    Fue un orgulloso habitante del «XIV arrondisement», Montparnasse, refugio de artistas casi todos menesterosos, según Apollinaire, «el asilo de la simplicidad de los pintores y poetas». Su encuentro con Renoir fue un suplicio y terminó de manera catastrófica. A la pregunta de Renoir, «¿pinta usted con alegría?», le siguió una andanada de consejos. «Pinte con alegría como cuando ama a una mujer...Acaricie los cuadros como yo acaricio las nalgas antes de terminar un cuadro.». De un salto se llegó hasta la puerta y le dijo: «Monsieur, a mí no me gustan las nalgas».

    Altivo, intolerante, elegante a pesar de su pobreza, rechazaba cualquier tipo de labor que lo apartara del arte -Brancusi fregaba platos- y rechazaba la venta de sus obras a quienes demostraban sólo interés comercial. Entre 1917 y 1918 vivó con Jeanne Hébuterne, quien se suicidó dos días después de la muerte de Modigliani. Anna Akhmatova, que fue retratada por el artista más de quince veces sin posar nunca, escribió la siguiente semblanza del artista: «todo lo que de divino había en Modigliani destellaba sólo a través de una penumbra».

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