14 de marzo 2008 - 00:00
Celebra España el arte de Modigliani
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«Retrato de mujer polaca», de Amedeo Modigliani (1919). Oleo sobre lienzo perteneciente al Museo de Arte de Filadelfia, que viajó a la exposición madrileña.
Según Calvo Serraller, la experiencia escultórica lo ayudó a conseguir una síntesis lineal más radical así como «aplanar» la profundidad del campo visual. En su obra puedenencontrarse influencias del pasado de la historia del arte pero interpretadas con una visión moderna. Las figuras alargadas, estilizadas, le vienen a Modigliani del manierismo y también del ritmo de Matisse y los desnudos aparecen siempre lozanos, firmes, una encarnación de los últimos vestigios del romanticismo y con gran protagonismo de la línea.
Tanto en los desnudos y retratos, abordados de manera narrativa, en primer plano, apeló al recurso de anular la mirada, una suerte de pudor ante el observador. En su corta vida fue más querido y compadecido que apreciado como artista, «el pobre Modigliani», así se lo llamaba, tenía una permanente ansiedad e insatisfacción respecto a su arte.
Fue un orgulloso habitante del «XIV arrondisement», Montparnasse, refugio de artistas casi todos menesterosos, según Apollinaire, «el asilo de la simplicidad de los pintores y poetas». Su encuentro con Renoir fue un suplicio y terminó de manera catastrófica. A la pregunta de Renoir, «¿pinta usted con alegría?», le siguió una andanada de consejos. «Pinte con alegría como cuando ama a una mujer...Acaricie los cuadros como yo acaricio las nalgas antes de terminar un cuadro.». De un salto se llegó hasta la puerta y le dijo: «Monsieur, a mí no me gustan las nalgas».
Altivo, intolerante, elegante a pesar de su pobreza, rechazaba cualquier tipo de labor que lo apartara del arte -Brancusi fregaba platos- y rechazaba la venta de sus obras a quienes demostraban sólo interés comercial. Entre 1917 y 1918 vivó con Jeanne Hébuterne, quien se suicidó dos días después de la muerte de Modigliani. Anna Akhmatova, que fue retratada por el artista más de quince veces sin posar nunca, escribió la siguiente semblanza del artista: «todo lo que de divino había en Modigliani destellaba sólo a través de una penumbra».


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