Coinciden dos muestras del inconfundible Antonio Seguí

Espectáculos

Tal como ocurrió en 2001, coinciden nuevamente en Buenos Aires dos muestras de Antonio Seguí (un lujo que se creía irrepetible): una en Recoleta y otra en el Centro Cultural Borges, con curadurías de Clelia Tarico y Edward Shaw respectivamente. La de la Sala Cronopios ( Recoleta) y sus adyacencias abarca la obra realizada entre 1992 y 2007 en París, ciudad en la que vive desde principios de los '60. Mucha gente dice: «¡Ah, Seguí y sus hombrecitos!». Entre la interpretación de esta frase como una crítica subyacente a un artista que se repite o la evidencia de que es una inmediata ubicación en el mapa de la historia del arte, reconocerlo, identificarlo como un artista con sello propio -su imagen grabada en nuestra memoria de la misma manera que un Picasso o tantos otros nombres emblemáticos-, optamos por esta última, dado el carácter universal que ostenta una obra que tiene al hombre como protagonista. Como él mismo lo confesara en diálogo con esta cronista y en otras entrevistas: «me es imposible separarme de la figura humana, encarna la presencia y la esencia del hombre. Y si éste no está, sí las huellas que él dejó».

Seguí usa la ironía para señalar lo absurdo, lo ridículo, lo insólito, también la ternura, hacia esos «hombrecitos Seguí», ya convertidos en ícono, una marca distintiva de su quehacer que refleja ese ir hacia ninguna parte de seres suburbanos y anónimos que su capital pictórico los hace aparentemente iguales pero a su vez tan distintos. Porque hay que mirarlos con mucho detenimiento, se encontrará así a los altaneros, a aquellos de movimientos rápidos y esquivos,a los de miradas oblicuas,furtivas, un espacio abigarrado donde nadie mira a nadie, donde se amontonan pero nunca están juntos.

Aunque nunca haya tenido una pretensión narrativa, ésta es universal, llega a todos, es una reflexión sobre la existencia aprisionada por una red de sistemas que rige a la humanidad vista a través del humor sarcástico y socarrón de un cordobés anclado, pero no del todo, en París, con su cantito característico cuando habla en francés, con aire de no darle importancia a lo que hace. Seguí maneja todas las técnicas y el color no tiene secretos para él, así lo demuestran sus pinturas, pasteles, tintas, grabados, técnicas mixtas, esculturas, además de ser un notable ilustrador de libros con cuyos autores está consustanciado como puede verse en las vitrinas de una de las salas.

Es innecesario referirse a su biografía, a las diversas etapas de su vida artística que puede consultarse en la infinidad de catálogos de sus exposiciones en la Argentina y en el exterior, en libros como el de Daniel Sibony, Editions Cercle d art-Paris, 1996, el catálogo libro de su retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes (1991), en el de su generosa donación de más de 300 grabados al Museo de Arte Moderno en 2001, el de su retrospectiva en 2005 en el Centro Pompidou, de las importantes distinciones que le han sido otorgadas en el ámbito nacional e internacional.

Esta muestra clausura el 10 de junio y cuenta con el auspicio de Galería Rubbers Internacional, los Museos Juan b. Castagnino y Macro de Rosario adonde será expuesta posteriormente, la embajada de Francia, y otras instituciones públicas y privadas. En el prólogo del catálogo correspondiente a «Orígenes: la obra temprana de Antonio Seguí», Edgard Shaw señala que «esta muestra es como una reunión de antiguos compañeros de clase que no se vieron durante décadas: queda la intriga de cómo han soportado el pasar de los años». En nuestra opinión, no han envejecido, allí se pueden encontrar elementos característicos, el sombrero, la mirada oblicua y siempre la mirada mordaz. En las obras tempranas (1952/6/ 7) se nota cierta influencia expresionista, fruto de sus viajes por Latinoamérica, México especialmente, donde se deslumbró ante los muralistas. Hacia los '60 realiza paisajes abstractos en tonos tierra con la apariencia o la textura del cuero, un poco más adelante echa una mirada crítica a los poderosos llevándolos al grotesco, obras oscuras como el período político que nos tocaba vivir, crea un personaje ficticio, Felicitas Naón, una dama de la alta sociedad argentina sobre la que cae con gracia mordaz. Luego vendrá el período Pop; sus referentes son David Hockney, Larry Rivers, Allen Jones. Los óleos sobre madera recortada en tres dimensiones y un mural de 210 x 518 cm «A vous de faire l histoire») donde se encuentra gran parte de la iconografía Seguí: corbatas al viento, sombreros, hombrecitos, arquitecturas, que después formarán parte del teatro del absurdo, de su particular enfoque de la realidad. Ambas muestras, un banquete al que se asiste con una alegría quizás comparable a la del apasionado Seguí cuando lo preparó. Hasta fines de junio.

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