Orquesta Sinfónica Nacional. Dir.: G. Becerra. Solista: A. Panizza. Obras de M. Flügelman, P.I. Tchaicovsky y J. Sibelius (Audit. de Belgrano, 23/7). Orquesta Filarmónica de Bs.As. Dir.: J.P. Izquierdo. Solistas: P. Saraví y C. Baraviera. Obras de A. Webern, J. Brahms y P. Hindemith (Teatro Colón, 22/7.)
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El estreno local de «Diálogos» de Máximo Flügelman inició una brillante velada en el Auditorio de Belgrano. La obra fue premiada varias veces en EE.UU., donde reside el compositor, que también es economista y periodista ocasional; ante todo, un músico que cada vez que presenta una obra denota superación respecto de la anterior.
El nuevo mérito es el poder de síntesis y el protagonismo otorgado a la sección de violoncellos, que se vieron privilegiados por el autor al darles un definido perfil con la orquesta enmarcando los diseños divididos. Un auténtico «capo lavoro».
Una atronadora ovación ganó el enfático y temperamental pianista Alexander Panizza, centro de atención del Concierto N° 1 en Si Bemol Menor op.23 de Tchaicovsky, que ejecutó con pasmosa seguridad, vuelo poético y robusta sonoridad; más allá de su virtuosismo, se impusieron cualidades musicales y fuerza interpretativa.
La batuta segura y el profesionalismo del violinista y director platense Guillermo Becerra fueron sustanciales en el éxito de las dos obras de la primera parte. La segunda contenía dos exigentes partituras del compositor finlandés Jan Sibelius (1865-1957). De gran categoría musical y técnica orquestal fue la interpretación de la Sinfonía N° 7 en Do Mayor op. 105, así como épica y de muy buen pulso la ejecución del famoso poema «Finlandia» op. 26, con especial lucimiento de la sección bronces.
El director Becerra y los sinfónicos recibieron prolongados y merecidos aplausos.
• Filarmónica
El doble concierto en La Menor op.102 de Johannes Brahms fue la obra que convocó al público que llenó el Colón, y que contaba con dos jóvenes y apreciados músicos locales como solistas. El violinista Pablo Saraví hizo una labor sobresaliente sin fisuras técnicas en su discurso. Por su parte, el violoncelista Claudio Baraviera impuso su musicalidad y madurez desde su primera «cadenza» de tonos quejumbrosos y convincentes. En algunos pasajes impetuosos de la orquesta su sonido se perdía, por lo que se valora el reencuentro en diálogo con el violinista.
La Filarmónica y su ocasional director hicieron un acompañamiento formal y esquemático. Curioso, porque la veteranía del director chileno Juan Pablo Izquierdo se manifestó en su fascinante versión de la difícil «Passacaglia para orquesta» op.1 de Anton Webern (1883-1945), haciendo atractivas las veintitrés variaciones que sobre dos temas propone este inteligente y no tan frecuentado compositor.
Tampoco abundan las ocasiones de disfrutar de Paul Hindemith (1898-1963), con tal esplendorosa nitidez. La Sinfonía «Matías el pintor» (refiere a Grünewald) es una síntesis de la ópera del mismo nombre, que refiere a piqueteros del 1500 y escrita en pleno régimen hitlerista. La interpretación fue magistral. Ahora, los filarmónicos ensayan con Krzysztof Penderecki.
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