19 de diciembre 2003 - 00:00

Comenzó en Córdoba difusión del mejor arte del interior

Escisión, de Sara Galiasso
"Escisión", de Sara Galiasso
"Argentina Pinta Bien" es un ambicioso programa diseñado para difundir durante 2003 y 2004 la obra de destacados artistas plásticos: maestros, generación intermedia y emergentes de diferentes provincias argentinas. En este programa de arte participan la empresa Repsol YPF, el Centro Cultural Recoleta y su Asociación de Amigos que ha designado a Alberto Petrina como curador general y en su etapa inicial abarca Córdoba, Mendoza, Neuquén, Santa Cruz, Chubut y Río Negro. Este diario fue invitado a la primera de las exposiciones programadas que se inauguró el 12 de diciembre en el Museo Provincial de Bellas Artes «Emilio Caraffa» de la ciudad de Córdoba y diversas disciplinas como pintura, escultura, grabado, dibujo, fotografía, video están representadas por 64 artistas plásticos.

Desde su origen, Córdoba ha sido un centro vital de comunicaciones de particular influencia en la política, la economía, la cultura y, orgullosa de su pasado, un importante semillero de artistas tanto locales como aquellos que seducidos por su geografía, se radicaron o pasaron allí largas temporadas. Cuando se habla del paisaje surgen de inmediato los nombres de Fader, Walter de Navazio, Fray Guillermo Butler, José Malanca, Francisco Vidal, Octavio P, asociados a diferentes corrientes estilísticas sin olvidar a un gran maestro como Ernesto Farina (1912-1988) que introduce el paisaje urbano.

Pero la selección expuesta está centrada en artistas vivos con excepción de Pedro Pont Vergés (fallecido una semana antes de la inauguración), uno de los importantes renovadores de la plástica cordobesa, de destacada actuación en las Bienales IKA (Industrias Kaiser), ganador de la Beca Guggenheim y director de Cultura de la Provincia de Córdoba a su regreso de España en 1984.

En la sala dedicada a grandes maestros hay un excepcional retrato de Lino Enea Spilimbergo (Colección Museo Caraffa) realizado por Carlos Alonso en 1967. Spilimbergo llega a Unquillo en 1960, Alonso en los '80, ambos, maestro y discípulo, en busca de refugio espiritual. «Estudio para un paisaje americano» (1962) pertenece a la serie de obras abstractas de Antonio Seguí (1934), que revela su interés por la cultura precolombina. La estructura de bandas cromáticas verticales de colores enteros en ritmos dinámicos es característica de la obra de Norberto Cresta (1929), también de la colección del Caraffa. Como Cresta, Eduardo Moisset de Espanes integró el Grupo Geométricos de Córdoba y vivió en Alemania a mediados de los '60. Gran investigador, su pintura numérico-generativa va más allá de los efectos ópticos.

De Miguel Ocampo (1922), «Sin Título» es sencillamente el deleite del artista frente a la naturaleza que lo rodea y eligió para vivir. Diego Cuquejo fue integrante del Grupo de Pintores Modernos de Córdoba fundado en 1954. Continuador de Ernesto Farina en la vertiente del paisaje urbano, sus arquitecturas se caracterizan por su soledad, la que también se encuentra en la rigurosa obra de Antonio Monteiro (1934).

Entre los artistas de la generación intermedia está el grafito virtuoso de Fernando Allievi, la riqueza de recursos texturales en un universo de barcas o personajes circenses de Raúl Díaz, la obra onírica y lúdica de Pablo Canedo así como los personajes inmóviles, no muy agraciados, de mirada irónica en escenarios despojados y monocromáticos de Marcelo Torretta. La tradición paisajística encuentra en Germán Wendel una variante casi desmaterializada, de gran levedad, un deseo de llegar casi a lo invisible. En cuanto a Remo Bianchedi, que se afincó en Córdoba en los '90 y realizó una gran labor de rescate de jóvenes de la calle a través del arte, su obra actual, aunque algo más atemperada, no hace olvidar los rostros de «La Noche de los Cristales» que presentó en 1993.

Ernesto Berra
interviene sus telas con costuras, grafismos, inscripciones, pliegues pero que no desvirtúan el ascetismo de su propuesta; Oscar Suárez con sus imágenes de carácter cinematográfico, difusas, desfocalizadas, y Oscar Páez, un contemporáneo tributo a antiguas civilizaciones. Aunque toda clasificación hoy pueda parecer obsoleta, Daniel Capardi, Jorge Pizarro, Jorge Torres, Mario Grinberg están enrolados en la abstracción, a veces, vital, otras, ceñida a modulaciones austeras o contrastantes.

Entre los artistas emergentes,
Marcos Acosta, Mateo Argüello Pitt, Diego Arrascaeta, Ananhé Asseff, «Proyecto PB» (2003), fotografía, es de gran nivel, Juan Benemalis, Juan M. Juárez, Celeste Martínez, Gustavo Piñero, Manuel Quiroga, Julia Romano, Pablo Scheinbengraf, Soledad Videla, Ramiro Vázquez. Varios de ellos han expuesto y ganado premios tanto en Córdoba como en Buenos Aires pero es importante retener sus nombres y la pluralidad de tendencias que constituyen ese nuevo semillero de artistas que Córdoba ha sabido generar.

Como cierre de esta nota no podemos dejar de mencionar a escultores de la talla de
Carlos Peiteado (1935), Horacio Suárez Serral (1917), Juan Longhini (1954), José Landoni (1957), Tulio Romano (1960), Claudio Gómez (1968), Sara Galiasso (1946), así como lamentamos la omisión de Susana Lescano, artista de vasta trayectoria.

Durante el primer semestre de 2005 está previsto realizar una megaexposición que ocupará varias salas del Centro Cultural Recoleta en las que se exhibirán las obras seleccionadas de las muestras provinciales y se presentará la colección de los catálogos correspondientes.
«Arte de Córdoba» que inicia este programa, cierra el 29 de febrero.

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