18 de julio 2008 - 00:00
Compendio del arte del excelente Páez Vilaró
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La actual muestra de Carlos Páez Vilaró en el Museo de Arte
de Tigre recoge trabajos de las diferentes etapas del artista
uruguayo cuidadosamente seleccionados.
La actual muestra de Carlos Páez Vilaró en el Museo de Arte de Tigre recoge trabajos de las diferentes etapas del artista uruguayo cuidadosamente seleccionados. cartón o tela, «paezificadores», con alusiones a los fusiles, a la censura, a un ¡Basta! que el pueblo gritará para recobrar la libertad, a la iniquidad del poder y a la inutilidad de las guerras.
«Metamorfosis» incluye obras realizadas en «una caja electrónica de ingeniería japonesa que vomitando luz me permitió radiografiar mis ideas». Y aquí vuelve a desplegar su imaginación en figuras con brazos como pájaros, juegos de palabras, pájaros sin patas, composiciones clonadas, repetición de la imagen.
Entre otras series se destaca «Puertos». De carácter constructivo, no podía ser de otra manera para un uruguayo de su tiempo, lo lleva en sus genes, pero a la Páez Vilaró. Se acentúa la condición estructural de la composición, colores planos y vibrantes, nada y todo está en su lugar, sin embargo, la magia misteriosa del puerto, el mercado, sus bares está en estos cuadros de 2002 y de 2008; es que el artista va y viene por su obra, «cada una de ellas es un viaje interior sentado en la butaca única de mi tren especial».
Para las obras recientes, cómo no citarlo: «Y sin proponérmelo, siempre regreso a inyectar en los cuadros la arena de mis playas largas». Texturadas, un volver a la densidad de la materia y también un regreso a Africa donde lo deslumbró lo primitivo, la fascinación de lo excesivo, la selva de Lambarené, su paso por Camerún, por Tchad, el Congo, entre tantos otros lugares y dejó sus huellas en murales devolviéndole a Africa sus vivencias como ser humano ávido de conocimiento y su talento de artista.
Un artista que supo crear Casa Pueblo, una fantasía arquitectónica, una utopía que se convirtió en realidad. Pintar es para Páez Vilaró lo que lo mantiene vivo, lo que le provoca angustia y alegría, «aún en los episodios más dramáticos que he vivido, una gota de humor apareció para endulzarlos».




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