«La Madonnita», de M. Kartun. Dir.: M. Kartún. Int.: R. Castro, M. Vicente y V. Piaggio. Esc.: N. Laino. Dis. de sonido: J. Valcarcel. Ilum.: A. Le Roux. Vest.: G. Fernández. (Teatro San Martín.)
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Curiosa relación la que entabla el fotógrafo Hertz con el rústico Basilio, un hombre de corto entendimiento y violencia contenida, al que el artista contrata para que venda su inagotable stock de postales pornográficas y así mejorar las exiguas ganancias que le proveen los casamientos, comuniones y retratos de familia.
En un principio el trato es distante y meramente comercial, ya que el vendedor cumple eficientemente con su tarea. Pero un día, los clientes -en su mayoría inmigrantes- piden nuevas imágenes de «La Madonnita», la mujer que los cautiva con su desnudez y los hace sentir menos solos. Esta nueva demanda hace que Hertz contrate al propio Basilio como partenaire de la modelo (a falta de otro hombre de confianza).
A partir de ahí, la trama comienza a cargarse de equívocos y sinuosidades. En medio de una atmósfera saturada de sensualidad y deseos reprimidos, los dos hombres hablan de sexo con cierta brutalidad y rudeza y hasta se permiten algunos chistes; si bien Hertz también es capaz de exaltarse como un poeta ante el milagro de la luz.
De lo primero que se entera Basilio es que la verdadera «Madonnita» carece de la belleza y del esplendor virginal que exhibe en las fotos. No sólo es una mujer esmirriada e insignificante, sino que además es renga y está casada con Hertz. Sin embargo, apenas se desnuda y expone su cuerpo a «la almibarada» luz de la tarde, algo en ella se transforma hasta volverla extraordinariamente atractiva e inasible.
Más allá de su apasionante intriga -y de un tercer personaje que nunca aparece en escena, pero marca el rumbo de la historia- la obra indaga en el enigma de lo femenino, en el amor que sólo busca la posesión de un esquivo objeto de deseo, y por sobre todo, da cuenta del exquisito y temible poder que tiene el arte para embellecer la vida real (en ese sentido la obra le da el mismo status a la imagen, a la música y a la palabra).
Sin duda esta es una obra cumbre en la producción de Mauricio Kartún y lo devuelve a la escena con sus mejores recursos expresivos. Autor entre otros títulos de «El partener», «Desde la lona» y «Rápido nocturno, aire de fox-trot» (su última pieza estrenada en el '88), Kartún siempre logra extraer del lenguaje connotaciones insospechadas, dotándolo de poesía, carnalidad y verosimilitud.
Como puestista hace un culto del retrato de época, algo que por momentos va en detrimento del ritmo y la tensión dramática de la obra, pero las sensibles actuaciones de Roberto Castro, Verónica Piaggio y Manuel Vicente (éste último resulta toda una revelación en el rol de Basilio) permiten que las ilusiones y miserias de estos personajes se muestren en carne viva.
La obra, que baja este domingo, se repone el 8 de enero.
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