5 de marzo 2004 - 00:00

Con clima de recital en una plaza

Aunque las fanáticas de Serrat sacaron lo mejor de su guardarropa y a muchos jóvenes se los veía perdidos en atuendos formales que creen exige el Colón (eso lo habrán escuchado de sus padres, que conocieron otro Colón), anteanoche una parte del público no se privó de comportarse como si se tratara de un recital en una plaza.

A sólo dos temas de comenzado el concierto, el músico intentó adoctrinar a sus fieles y, con tono pedagógico, solicitó que se evitaran los aplausos o exteriorizaciones indeseables durante las canciones. «Les quiero pedir un favor -dijo sonriente-traten de aguantarse las ganas de ovacionar hasta bien terminados los temas pues sino, no pueden apreciarse en su totalidad».

Para dejar bien claro el tópico, apeló a una métafora: «Como en otros órdenes de la vida, vale la pena aguantarse un poquito más para que el resultado final sea el esperado. Cuando hacemos el amor, esa espera es la que justifica todo lo otro». Suspiros en la sala. Pero la retención de los conocimientos adquiridos duraría hasta el tema siguiente. El rito volvió a repetirse: cuando Serrat concluía la letra, no importaba que la Filármonica siguiera tocando, los aplausos estallaban.

Eso no fue todo. Más tarde llegaron los gritos de una mujer ubicada en el Paraíso, que vociferaba «No se escucha, no se escucha», con tanta insistencia que Serrat, molesto pero sin perder la sonrisa, respondió «Pero mire señora que yo la escucho de maravillas, pongamos un poco de voluntad».

Si de voluntad se trataba, quienes no se mostraban muy tolerantes eran aquellos que habían pagado 130 pesos por la platea de pie. Primero, se los tuvo amontonados en la puerta, hasta casi el comienzo del concierto. Después tuvieron que soportar durante los primeros temas el exceso de trípodes y cámaras con sus insistentes disparos fotográficos. Se oyeron allí varias quejas.

Más alegres y predispuestos se vio a los funcionarios. Jorge Telerman llegó antes que Aníbal Ibarra y se ubicó en la puerta interior, oficiando de «big usher», a la vista de todos. Saludó a los conocidos que iban ingresando (León Gieco, Víctor Heredia, Fernando Bravo y Néstor Ibarra y entre otros, Iván Noble sin Julieta Ortega y en zapatillas de lona All Star), y cuando llegó Ibarra, subió con él y cada uno se ubicó en su palco. También fueron Gustavo Béliz y Gustavo López.

La nota la dio el entusiasta que colgó una bandera de Boca del palco y una mujer de la primera fila que le gritó:
«Seguí Nano, tengo, toda la noche para vos». Pero Serrat se sinceró: «Usted tendrá toda la noche pero yo tengo mis planes». Cuando se despidió definitivamente, habrá envidiado esa mujer a Ibarra a quien Serrat miró desde el escenario y le dedicó un saludo. Tampoco faltó el coro final de «Una más y no jodemos más», hoy una melodía no infrecuente en el Colón.

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