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El costo de la entrada llegó a cotizarse el mismo sábado en 150 pesos por venta oficial y 200 en reventa. No fueron pocos los que pagaron a último momento esos precios para ser parte de la fiebre maratónica de 16 horas, que arrancó a las 15 del sábado y se extendió hasta las 7 de ayer. Informate más
Volvió a verse, como en las ediciones anteriores, el colchón de botellas plásticas de agua mineral y latitas de la bebida energizante que también auspiciaba la fiesta. Ese estimulante, rico en cafeína y que la mayoría utiliza como combustible para sostener tanto salto durante 10 horas, podía adquirirse tras larguísimas colas que demandaban un mínimo de media hora. El energizante costaba 4 pesos pero mezclado con vodka ascendía a 6.
No faltaban los locales de merchandising oficial con combos que alternaban entre remeras, buzos y el «line up» (guías de la fiesta). El combo más barato, agotado a las 22, costaba 18 pesos, y el más caro, que incluía la campera de «Creamfields», se vendía a 65 pesos. Con menos éxito, circulaban los venderdores ambulantes de panchos y gaseosa «clásica».
El porcentaje de asistentes sin celular o cámara digital era nulo. Todo el mundo se fotografiaba y buscaba vía telefónica o con mensajes de texto, al punto tal de que hubo varios inconvenientes con las señales de los celulares (y eso que una de las marcas auspiciaba la fiesta). Alrededor de las 22, los británicos
Con obligadas viseras, lentes de sol o hasta pelucas, algunos gozaban empapados y tantos otros habían llevado pilotines. Antes, en ese mismo «main stage» había pasado Zuker XP, el DJ argentino que cobró fama mundial y ofrece los mejores remixes de clásicos del rock de
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