No por nada Claude Monet es considerado por muchos el genio mayor del impresionismo. Nacido en París en 1840, tuvo como profesor a Eugenio Boudin uno de los primeros artistas que eligió pintar al aire libre en disidencia con las reglas de la época que decían que se pintaba en el taller y se tomaban apuntes en el exterior.
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En 1872, Monet titula una de sus obras: «Impresión, salida del sol», una vibrante vista del puerto de El Havre que sirve de inspiracion a un crítico para titular las obras que ahí se exponían como «impresionistas» dando así nombre al movimiento que más tiempo ha perdurado en la historia del arte de Occidente. El concepto define perfectamente lo que estos artistas hacían: expresar un instante, un único momento y era costumbre que los impresionistas hasta pusieran al dorso de sus pinturas la hora en que habían sido realizadas. Charles Daubigny no sólo fue uno de los mayores exponentes de la Escuela de Barbizon, que eran aquellos artistas que tenían atelier en ese pequeño pueblo, sino también fue uno de los pocos que apoyó a los impresionistas. Daubigny invitaba a Monet a pintar desde su barca, con la cual, éste recorria y registraba « momentos» de los ríos interiores. Finalmente, Monet también se compra una barca, con la cual solía recorrer, pintando, los ríos en Argenteuil, y en algunas ocasiones lo acompañaba un dominico argentino que estaba estudiando pintura: Fray Guillermo Butler.
En la mitad de su vida, para ser más exactos cuando tenía 42 años, descubre el lugar perfecto para su vida: un lote en Giverny a tan sólo una hora de Paris en el camino a Rouen. Allí pintará sus maravillosas pinturas con los nenúfares como protagonistas y a veces con el «puente japones» enmarcando sus bellos verdes y matices.
En los últimos años, ya afectado por el glaucoma, se convierte probablemente en el primer pintor moderno del siglo XX. Desde 1899 hasta su muerte en 1926 Giverny y los nenúfares de su estanque o pequeño lago, serán el tema casi excluyente y sin duda el favorito de los coleccionistas (como se puede ver en el cuadro de sus mayores ventas en subasta). También sus pocas obras de Venecia son muy buscadas y otro tanto las realizadas en Londres desde la habitación que utilizaba en el Hotel Savoy, donde también durmió alguna noche nuestro admirado Fernando Fader. Fader, justamente, se inspira en Monet para pintar su fabulosa serie de ocho pinturas titulada «La Historia de un Dia» que se encuentra en el Museo Castagnino de Rosario, Toma como referencia la serie que pinta Monet desde su hospedaje frente a la Catedral de Rouen.
Cerca de veinte obras se venden de Monet en subastas todos los años. Sus valores fluctúan entre los 8.000 dólares que vale una pequeña litografia hasta los diez millones promedio que hay que pagar por alguna de sus obras de Giverny.
La obra que dio el nombre al impresionismo fue «secuestrada» hace unos años del Museo Marmottan. Se habló de que la mafia japonesa la tuvo en su poder hasta que luego de unos años reapareció como por arte de magia y hoy se la puede ver nuevamente en París.
Pese a los altos precios que ya ha alcanzado en el mercado, la obra de Monet será, sin duda, una de las que se valorizará más en las próximas décadas.
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