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13 de septiembre 2006 - 00:00

Cuentos que muestran cómo China corrompió al Tíbet

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Ma Jian «Saca la lengua - Historias del Tíbet» (Bs. As., Emecé, 2006. 107 págs.)

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"En el Tíbet, la religión impregna cada grano de la tierra. Allí la gente soporta sufrimientos que exceden la comprensión del mundo moderno". Para el escritor chino Ma Jian el Tíbet es un enigma, pero a la vez está muy lejos del paraíso terrenal que uno imagina. Así lo deja entrever en los cinco relatos que integran este volumen editado originalmente en 1987.

Son historias insertas en un paisaje de cielos deslumbrantes y tierras casi desérticas, donde el vacío y la altitud -cinco mil metros aproximadamente- confunden la mente del viajero y le hacen perder «todo sentido de realidad».

El escritor recorrió la región como fotógrafoen el año 1985 huyendo de las autoridades chinas y del recuerdo de su ex mujer. Soñaba con llevar una vida simple junto a la naturaleza, pero lo que allí vio le produjo un colapso nervioso que puso fin a su utopía romántica. Templos en ruinas, monasterios saqueados -o con sus muros pintarrajeados con consignas comunistas- y un pueblo sumido en la ignorancia, el alcoholismo y la promiscuidad; todo ello consecuencia directa de la miseria que generó la política intervencionista china.

Actualmente radicado en Londres (junto a su nueva esposa inglesa que le traduce todos sus trabajos), Ma Jian decidió sumarle un epílogo a esta nueva edición de «Saca la lengua». En él hace un descargo de las múltiples acusaciones que recibió en los últimos años.

Su libro fue prohibido en China por «vulgar y pornográfico» y antes recibió el repudio del pueblo tibetano «por ofrecer una imagen falsa y sacrílega de sus ritos religiosos». No era ésa la intención del escritor ya que sus historias evitan todo juicio moral y son respetuosas del misterio y de la absoluta falta de lógica que rodea a las tradiciones tibetanas. El autor describe lo que vio, lo que le contaron o lo que creyó ver en aquellos parajes desolados sin preocuparse en discriminar realidad y leyenda.

En «La corona dorada» narra la historia de amor entreun aprendiz de artesano y la joven esposa de su maestro. El salvaje encanto de la mujer y la potencia sensorial de algunas escenas recuerdan a las primeras películas de Zhang Yimou («Sorgo rojo» y «Ju Dou» entre otras). «La iniciación final» es quizás la narración más lograda. En ella se describe el conflicto interno de una adolescente que, poco antes de iniciar una serie de peligrosos rituales, descubre que «en cada célula de su cuerpo es una mujer» y no la «encarnación del Buda viviente» como creen los monjes.

El resto de las historias combinan horror y belleza. Desde un entierro a cielo abierto a la incomprensible fiereza de ciertas prácticas religiosas nada escapa a la curiosidad del narrador, pero las brutales escenas que encuentra a su paso, se ven compensadas por la majestuosidad del paisaje y la profunda espiritualidad de una cultura que sobrevive como puede a la fuerza depredadora de la civilización moderna.

Patricia Espinosa

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