7 de noviembre 2006 - 00:00

Daft Punk: importa más la imagen que la música

En lasegundanoche delFestival BUE,el dúofrancés DaftPunkdemostróque, aunqueno sea lomásvanguardistaen lo musical,sí lo es en elaspectovisual de susespectáculos.
En la segunda noche del Festival BUE, el dúo francés Daft Punk demostró que, aunque no sea lo más vanguardista en lo musical, sí lo es en el aspecto visual de sus espectáculos.
Ante 20.000 personas durante la segunda noche del Festival BUE se presentó por primera vez en Argentina el dúo francés Daft Punk, que poco tiene que ver con el «punk» que desplegaron los «Beastie Boys» la noche previa o los cultores del post-punk que habían tocado también el sábado en el main stage, los «Yeah Yeah Yeahs».

Los DJs de Daft Punk ofrecieron un sincronizado show digno de esos seres robotizados, que emulan en cada presentación. Cada sonido digital se complementaba con su correspondiente imagen de alta definición, proveniente de un inmenso plasma que recordaba a la gran pantalla de U2 en River. Pero la diferencia principal con las meras pantallas que animan los shows de bandas o DJs, radicó en que esa imagen polícroma cumple un papel crucial en las actuaciones de este dúo. Interactúan entre ellos y con su música más que con el público, como si fueran parte de un film.

Encerrados entre los haces de luz de una pirámide y como ajenos a lo que ocurre más allá del escenario, destilando brillo desde sus cascos y auriculares, demostraron que, aunque no se cuenten entre lo más vanguardista a nivel musical, sí lo son en el otro pilar fundamental que se perfecciona día a día de la mano de los VJs. Mientras el Disc Jockey juega con los discos, el VJ lo hace con la imagen.

El sonido fue impecable y muchas veces más cercano a la vibración extrema del boliche, sin embargo, no hubiera sido posible montar semejante escenario y pantalla ni en el local cubierto más grande de Buenos Aires. No faltaron «One more time», «Aerodynamic» y « Digital Love», con menos de rock o hip hop que el leit motiv: el house.

Como es habitual en estos festivales, no sorprenden los puestos de sushi o entretenimiento, que esta vez tuvo su cancha de fútbol tenis. Y nunca falta alguna sorpresa extraña: una suerte de peluquería, donde varios hacían fila para ser afeitados por una bella coiffeuse (seguramente más bien una promotora) que enjabonaba y rasuraba a los no pocos entusiastas que se ofrecían.

Uno de los mejores momentos se vivió antes de Deaft Punk en una de las carpas, con la actuación de «Amadou & Mariam», conocidos como «el dúo de ciegos de Mali». Ofrecen sonidos tan ajenos a lo conocido que suelen confundir la música árabe con el soul. Acaso por tal mixtura, desde que los « apadrinó» Manu Chao no dejaron de vender discos y ganar premios. Hicieron delirar a sus seguidores, que saltaban juntos cerca del escenario, y cautivaron a varios curiosos que deabmulaban por el predio e ingresaban a ver de qué se trataba el show. Este « entrar y ver qué onda» es uno de los rasgos más característicos de esta clase de festivales, en los que confluyen desde los artistas mencionados hasta Mimí Maura, Dios los Cría, «Bicicletas» o «Interama», entre los más de 20 grupos y DJs, en tan sólo una (larga) noche.

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