21 de diciembre 2006 - 00:00

"De paso"

El director brasileño Ricardo Elías (que debutó con este film)enriquece con pequeños detalles de gente común un dramaque bien pudo ambientarse en el Gran Buenos Aires o en laperiferia de Nueva York.
El director brasileño Ricardo Elías (que debutó con este film) enriquece con pequeños detalles de gente común un drama que bien pudo ambientarse en el Gran Buenos Aires o en la periferia de Nueva York.
«De paso» (De pasaggem, Brasil, 2003, habl. en portugués). Dir.: R. Elías. Guión: R. Elías, C. Yosida. Int.: S. Guindane, F. Nepo, L. Brandao, P. Igor, F. Queiroz, P. Dias, M. Loureiro.

Esta historia, limpia, sencilla, y al final emotiva, rodada en el conurbano de San Pablo, con un menguado sonido ambiente, bien podría ambientarse en el Gran Buenos Aires (preferiblemente, sin cumbia villera), o en la periferia de Nueva York ( preferiblemente, sin mafiosos melancólicos y matoncitos latinos). Y es probable que algún émulo de Ray Bradbury o de Stephen King haya tenido la misma idea argumental, porque se trata de una historia de iniciación que pudo pasar en cualquier lado, pero se le ocurrió a Ricardo Elías, un hombre a tener en cuenta.

Un joven cadete del Colegio Militar vuelve de urgencia a la casa paterna. Le han avisado que murió su hermano menor. El padre está derrumbado sobre la Biblia, y él debe ir a reconocer el cuerpo, en compañía de un amigo de infancia. Hace años que no se veía con el hermano. Casi desde la niñez, que le había perdido el cariño. El trató siempre de ser un tipo recto, como el padre, en cambio el menor fue siempre un pícaro, que se ganó la vida como pequeño correo de los narcos.

En el viaje a la otra punta de la metrópolis, donde supuestamente está el cadáver, irá surgiendo el recuerdo de otro viaje, que los tres hicieron juntos cuando niños, un día que experimentaron el primer encargo como correos, la primera muerte involuntaria, la primera y decisiva separación de sus caminos.

Pero, como dice el joven cadete, «lo difícil de la vida es que todo el mundo tiene sus razones». Quizás el final de ese nuevo día le permita reencontrarse de algún modo con el hermanito perdido, que lo avergonzaba, pero que, a su modo, también lo quería, y lo admiraba. La historia se enriquece con pequeños detalles de gente común, tomada en falta, en complicidad, o en trance de ilusión, con algunas vueltas de tuerca realmente inesperadas, y con unas actuaciones bien precisas y nada ostentosas. A señalar, el único plano fijo de cierta extensión de la película, sobre el rostro del protagonista mientras espera una confirmación en la morgue. Todos los recuerdos parecen pasar por ese rostro, en silencio absoluto.

El protagonista es Silvio Guindane, el Basilio de «El clon», pero antes aún, apenas niño, el Japa del notable «Como nascen os anjos» (como nacen los ángeles). Y el autor, Ricardo Elías, es, ya se dijo, un hombre a tener en cuenta. «De paso» (como quien dice, todos estamos de paso en la vida) es su primer largometraje. El segundo, «Los doce trabajos», también sencillo y levemente emotivo, sobre un día en la vida del negrito Heraclio, que debe cumplir doce pruebas casi titánicas para tener su primer empleo en un delivery, ya está arrasando en festivales y boleterías.

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