Finalmente, Mónica Villa, consagrada actriz de reparto, obtuvo un merecido protagónico en la opera prima de Tomás Gómez Bustillo, que combina el costumbrismo con lo fantástico
Horacio Marassi y Mónica Villa en "Crónicas de una santa errante".
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Por fin, después de tantos años de labor, Mónica Villa tiene un protagónico en el cine. Llamó la atención en “Los pasajeros del jardín” (Alejandro Doria, 1982), poniendo caras detrás de una bienuda que se extrañaba de no conseguir en ningún lado una baguette como las que comía en París, y alcanzó la popularidad como la sufrida nuera de Mamá Cora en “Esperando la carroza” (también Doria, 1985).
Desde entonces, el público festeja cada aparición suya. Pero siempre ha estado en papeles de reparto, a veces demasiado breves. La han requerido Alejandro Doria (esas dos y la lista sigue), Desanzo, Vieyra, Renán, Babenco, Bemberg, Martel, Giralt, Szifron, Loreti, hasta Zaidelis en “La extorsión”, donde compone a una tal Rita Tirabosco. Pero le faltaba un protagónico, que llega ahora con otra Rita, y otra aparición, esta vez la de Santa Rita, patrona de los imposibles y de las mujeres sufrientes.
Así pasa en “Crónicas de una santa errante”, ambientada en un pueblito tranquilo de nuestra inmensa pampa. Allí unas mujeres se entretienen limpiando la parroquia, luego rezan juntas el rosario, pero una de ellas, Rita, más obsesiva de la limpieza, oculta algo.
Cuando encuentra en un rincón, amontonada entre los cachivaches, la estatua de Santa Rita que se creía perdida, ella arma un plan para hacerla reaparecer como si fuera un milagro y darse lustre en el pueblo. El marido la ayuda. El simplemente busca otra clase de milagro, algo que le haga recuperar el amor perdido, pero ella está en otra cosa.
El plan se pone en marcha, hasta que un perro se interpone en el camino y la mujer vuela, pero no precisamente como la santa. ¡Y ahí, a mitad de la película, pasan los créditos finales! No es un error, simplemente ha terminado la película de la vida de esta mujer de pueblo. Ahora sigue la otra parte.
Aparece un joven diablo en bicicleta, muy respetuoso, luego un muchacho de pantalones cortos y halo angelical, con un informe del Comité de Selección del Cielo en la computadora, ofreciendo a la favorecida el Combo Express, o, si se anima, el Combo Premium, llega la noche, se confirma lo que decía Don Bluth, todos los perros van al cielo, y aparece otra oferta, a través de una lamparita de luz y una polilla, amén de una vecina metida, refutadora de leyendas, como diría Dolina.
¿Pero será posible, quizá, que en esas circunstancias se cumpla el milagro de amor que esperaba su esposo? ¿Existen los milagros, aunque lleguen tarde?
Parsimoniosa, melancólica, bien original, de un humor en sordina, siempre en medios tonos como corresponde a un cuento de gente grande en pueblo chico, y con Mónica Villa en plenitud, “Crónicas de una santa errante” tiene además un elenco preciso, una fotografía preciosa, y el suave sonido de un piano envolviendo la historia.
Director, Tomás Gómez Bustillo. Esta es su primera obra, esperemos que siga. Rodaje en Antonio Cardoni, partido de Lobos, localidad de solo 295 habitantes en vana espera de otra clase de milagro: que el tren vuelva a pasar por la estación. Pero esa es otra historia.
“Crónicas de una santa errante” (Argentina-EE.UU., 2023); Dir.: Tomás Gómez Bustillo; Int.: Mónica Villa, Horacio Marassi, Iair Said.
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