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11 de septiembre 2006 - 00:00

Desaparición de obras ¿robos o secuestros?

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«Impresión de sol», de Monet, robado en París y reaparecido cuasi milagrosamente tiempo después, un ejemplo de que museos, gobiernos y aseguradoras no pueden reconocer que negocian con delincuentes.
Cada vez que desaparen obras de arte de importancia, la noticia excede lo policial ya que son patrimonio de la humanidad y no meros objetos con gran valor económico. La gran mayoría de los casos no deberían ser calificados de robos o hurtos sino que son secuestros. Ni los ministerios de Cultura, ni las empresas aseguradoras pueden confirmar que han pagado rescate para que las obras «aparezcan» nuevamente, porque esta información alentaría a los delincuentes.

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Hace mas de 20 años robaron importantes obras del Museo Nacional de Bellas Artes. Se habló de una banda local, pero la realidad es que luego de un tiempo, y al no haber seguros, aparecieron en Taiwan y luego en Paris, donde una empresa dedicada a rastrearlas las localizó y pidió un rescate en euros o bien que se le pagara por el dato con una de las obras. Como se podrá imaginar el lector, no puede el Estado argentino negociar con delincuentes por más que se pueda argumentar que son poseedores de buena fe. Finalmente algunas obras volvieron gracias a algun aporte privado y las más importantes siguen desaparecidas.

Hace unos años se llevaron del Museo Marmottan de Paris una de las obras emblemáticas del arte universal: «Impresión de sol» (Puerto de El Havre), que fue pintada por Monet en 1874 y cuyo título dio nombre al movimiento impresionista. Se sabe que la obra estuvo en manos de la mafia japonesa (la famosa «Yazuda»). Luego anduvo también por Cerdeña y «milagrosamente» volvió a aparecer en el museo (nadie lo confirmará, pero sin duda se pagó rescate).

El 22 de agosto de 2004, tres hombres encapuchados se llevaron del Museo de Oslo dos obras de Edward Munch («El Grito» y «Madonna») cuyo valor está cerca de los 80 millones de euros. Se ofreció una recompensa de 250.000 euros por informacion y hace unas semanas, un delincuente que se encuentra preso por otro robo ofreció darla si le reducían la condena. Hace unos días las obras volvieron al museo, que ha gastado la disparatada cifra de casi 100 millones de euros en reforzar la seguridad de sus instalaciones. Se dijo que no se pagó nada de rescate.

Las obras de arte son únicas e irrepetibles, por lo tanto los delincuentes encuentran muchas dificultades -afortunadamente- para «reducirlas». No ocurre lo mismo con los grabados, que si no están numerados, son difíciles de identificar. Por eso, más que robo, el del Museo Nacional del Grabado de la semana pasada, parece algo más complejo, relacionado con la decisión del secretario de Cultura de mudar el museo al interior del país. La mayoria de los casos, recuérdese, no son robos sino secuestros.

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