8 de junio 2001 - 00:00

Deslumbró la Opera de Pekín en el Cervantes

Opera de Pekín. Compañía de la Provincia Henan (China). Dir.: Wang Ruiqing. Programa de tres obras breves: «En la encrucijada», «El brazalete de Jade» y «Disturbios en el palacio celestial». (Teatro Nacional Cervantes. Repite hoy y mañana.)

Tres piezas breves, de neto contenido popular, fue el programa elegido por el Teatro de Opera de Pekín de la Provincia Henan para su presentación en la Sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes. El criterio de esta selección obedeció a la necesidad de alivianar las barreras idiomáticas, según lo manifestado por el director Wang Ruiqing. Y a decir verdad, logró sus objetivos.

Bastó con que un locutor letas (diestros en mímica, canto y recitado) fueron interpretando sus diversos papeles. El humor fue el común denominador en las tres obras presentadas, que reunieron épica, cotidianeidad y leyenda.

En «En la encrucijada» un general va camino al destierro, protegido sigilosamente por su buen amigo Ren. Pero cuando ambos llegan a una posada, el dueño del lugar cree que Ren va a matar al general. El equívoco da pie a un feroz enfrentamiento entre el soldado y el bufonesco posadero hasta que el general, muy risueño, les aclara el error.

«El brazalete de jade», quizá la pieza más divertida del programa, muestra las torpezas de Sun Yujiao, una jovencita enamorada a primera vista de un galán que pasa por su puerta y la obsequia con una pulsera de jade. Una vecina entrometida la descubre y luego de burlarse de ella hasta hacerle confesar lo sucedido, le promete su ayuda. La actriz que interpreta a Sun Yujiao (lamentablemente no figura su nombre en el programa) arrancó carcajadas del público con sus torpezas de campesina (la escena en que le tira maíz a las gallinas y le entra un grano en el ojo es sumamente cómica) y a eso le sumó un arsenal de gestos y movimientos que ampliaban notablemente las distintas facetas de su personaje. Saltaba de la timidez a la picardía, de la mujer sensual a la muñequita mecánica, con toda la gracia de una Betty Boop china.

«Disturbios en el palacio celestial» narra el enfrentamiento entre los dioses inmortales y el Rey Mono luego de que éste les roba sus píldoras inmortales en venganza por haber sido marginado de un banquete en el palacio celestial. Se trata de una adaptación de la antigua leyenda «Peregrinaciones al Oeste» de tono épico pero matizada con los oportunos toques de humor que le brinda el personaje del Rey Mono (magníficamente inter- pretado por el actor Che Qiang) y su séquito. La pieza abunda en artes marciales de todo tipo que le demandaron un notable esfuerzo físico a su protagonista, que desde luego fue ovacionado por su labor.

A cuatro años de su última presentación en Buenos Aires, la Opera de Pekín sigue ganando adeptos, especialmente entre los teatristas más jóvenes ávidos por conocer nuevas técnicas de expresión. De todas maneras, en la noche de estreno, ni los más veteranos se privaron de celebrar el magnífico espectáculo que acababan de presenciar.

Muchos de ellos iban por la calle Libertad tratando de imitar la compleja gesticulación china y los guturales sonidos de su canto. Y no era una broma, respondía más bien a un estado de euforia general, curiosamente provocado por un arte cuyos códigos dramá-ticos deben rastrearse en la dinastía Ming, aquella que floreció entre los años 1368 y 1644.

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