Digno "I Puritani" con una destacada soprano

Espectáculos

El amante de la ópera lo es también de la puntualidad; llega mucho antes de la hora anunciada al teatro para leer el argumento (que aquí no hubo), compartir las expectativas con otro operómanos (estaban todos), o, como en este caso, admirar la nueva y elegante pintura de la sala, el tapizado de las butacas con terciopelo rojo y otras exquisiteces.

Mientras, la función se retrasó una hora, público y músicos en el foso esperando, cantantes detrás del telón con los nervios rotos. ¿Qué pasó? Se esperaba la llegada del intendente de Avellaneda, Oscar Laborde, para inaugurar la temporada. Cuando apareció en el escenario, menos «bonito» le gritaron de todo; nunca se escuchó un discurso más breve... y mutis por el foro.

Finalmente, comenzó la ópera, con una «Introduzione» tan desarticulada que dio miedo; afortunadamente el excelente coro subió a escena y pidió «Alerta, alerta», y se impuso algo de coherencia, que no fue constante a lo largo de la agotadora velada de casi 5 horas.

Muy bien la soprano
Eliana Bayón, guste o no su timbre, cumple con los requisitos de su personaje. El tenor Eduardo Ayas sigue crónicamente desparejo, pasajes que canta como un ángel y otros como un demonio antiópera. Excelente Carlos Esquivel, es un auténtico valor que emite sin fisuras su aterciopelada voz; correcta Nora Balanda en su breve, pero decisivo papel de reina viuda perseguida.

Un acierto de regie e iluminación la presentación del segundo acto, que sugirió un cuadro de
Rembrandt; todo lo demás fue convencional. A la orquesta le falta más manos de barniz, y al director, mejorar la marcación rítmica, unificar el canto con la música, dominar a los tercos instrumentos de madera y atender los planos sonoros; la falta de pulso atentó contra la tradición belliniana muchas veces, pero sobre todo en « Vien diletto», que se atesora como identidad de esta ópera valiosa y atractiva, pero que exige de profesionales destacados para atreverse a exhumarla.

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