Los artistas diseñadores de joyas (arriba una gargantilla
creada por Luis Felipe Noé) participarán de un concurso en
el marco de la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos
Aires 2005.
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La joya (del latín jocus: juego, objeto placentero) se vincula con la estética de la ornamentación personal. Pero no es sólo un adorno sino un hecho estético y, como tal, expresión de la cultura y la creación humana.
La milenaria historia de las alhajas y los ornamentos creados por el hombre es una historia cultural inapreciable de la simbolización mágica, mítica, religiosa y social de la humanidad. Desde que el hombre superó sus necesidades inmediatas, empezó a preguntarse por sí y por el mundo. Por un lado, temeroso ante lo desconocido, quiso conjurarlo a través de objetos y rituales; por otro, seguro de su importancia, buscó destacarla mediante señales, corpóreas (tatuaje) y externas (collares de dientes de animales, trofeos de plumas, aros), que dieron origen al arte de la ornamentación cultual y laica. Aquellos artistas que pintaban el interior de las cavernas, esculpían en piedra las estatuillas de la fecundidad, y elaboraban armas, vasos y brazaletes de sílice, hueso o madera. Al pintor, el escultor y el diseñador prehistóricos ha de unirse, con la aparición de las ciudades, el arquitecto de los palacios, los monumentos y las tumbas.
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