Aunque la relación entre la pintura y el cine suele reducirse a algunos rasgos sutiles que tan sólo descubren los entendidos, la exposición que hoy exhibe el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en colaboración la Colección Wallace de Londres, que la recibirá en abril, explora la poderosa influencia que ejerció sobre Walt Disney la cultura de Francia. Allí aparecen los dibujos animados más famosos del mundo junto al arte rococó de Fragonard, muebles y porcelanas francesas del siglo XVIII.
Walt Disney, hijo del arte rococó
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El columpio. La obra de Fragonard como un ejemplo de la inspiración.
En el año 2001, el Museo Pompidou le dedicó una exposición a Alfred Hitchcock, sus citas veladas a las pinturas de los prerrafaelitas, Munch, Magritte, Hopper, Man Ray o Dalí, continúan seduciendo e inspirando a los artistas, y sus atrapantes relatos también. El éxito de Hitchcock en este nuevo escenario, sumado al interés de los grandes museos por las muestras multidisciplinarias, determinó que se multiplicaran en el mundo exhibiciones con cineastas como Stanley Kubrick, David Lynch, Jean Luc Godard, Chaplin, Agnès Varda, Almodóvar, Saura, o las que llegaron al Malba de Glaube Rocha, Chantal Ackerman y Douglas Gordon, con la imagen ralentizada de una película de Hitchcock, “Psycho 24 horas” de que resulta exasperadamente lenta y descubre lo inimaginable. Desde entonces, cineastas como Abbas Kiarostami ingresaron en el territorio del videoarte y presentaron films con formato de instalaciones.
La muestra del Met cuenta que “El columpio” de Fragonard proporcionó inspiración para varias películas de Disney. Y agrega que 200 años separaron a los artistas franceses del siglo 18 de los estadounidenses de Walt Disney, “pero compartían una ambición única: dar vida, carácter y encanto a lo inanimado”.
La exposición destaca los guiños a la arquitectura neogótica en “Cenicienta”, influencias medievales en “La bella durmiente” y objetos de inspiración rococó en “La bella y la bestia”. castillos rosas, sofás parlantes y objetos resuenan como fantasías de la animación pionera de Disney, pero son en realidad productos de los coloridos salones del Rococó.
Helen Jacobsen, co-curadora de la exposición, dijo: “La yuxtaposición de una de las formas de arte más icónicas del siglo XX con estos exquisitos objetos, no solo brinda una mirada sin precedentes al impacto de las obras de arte francesas en las producciones de Disney desde la década de 1930 hasta el presente, sino que también nos permite comprender algo del ingenio y humor de los innovadores del Rococó, que convertían los objetos cotidianos en obras geniales”.
A.M.Q.
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