20 de enero 2005 - 00:00

Dos formas de amor en atractivo relato

La ventana de enfrente, cuenta cómo una agobiada mujer logra aliviar su vida conyugal, gracias a un vecino, y encauza su vocación, gracias a un viejo repostero de intrigante pasado.
"La ventana de enfrente", cuenta cómo una agobiada mujer logra aliviar su vida conyugal, gracias a un vecino, y encauza su vocación, gracias a un viejo repostero de intrigante pasado.
«La ventana de enfrente» (It.-GB.-Turq.-Port., 2003, habl. en italiano)Dir.: F. Ozpetek. Guión: F.Ozpetek, G. Romoli; Int.: G. Mezzogiorno, M. Girotti, R. Bova, F. Nigro, S. Yilmaz.

Con su habitual mano para interesar al espectador disculpando ciertas obviedades y debilidades del libreto, y también con su habitual toquecito gay, pero esta vez sin tanto discurso, Ferzán Ozpetek («El baño turco», «El hada ignorante») ofrece aquí una tercera variante de su relato clásico: la historia de una mujer que descubre el otro lado de los hombres. Privilegiando las sugerencias, antes que las evidencias, y abriéndose a una solución heterosexual y burguesa de la vida, el autor cuenta ahora cómo una agobiada jefa de familia logra aliviar su vida conyugal, gracias al vecino de enfrente, y encauza su habilidad culinaria, gracias a un viejo repostero de intrigante pasado.

Yendo por partes. La mujer (Giovanna Mezzogiorno, ya vista en «El último beso») conduce un hogar con dos hijos y marido buenazo pero sin ambiciones ni capacidad de progreso. Enfrente vive, en cambio, un tipo fino, de anteojos, en vísperas de ascenso y traslado a Ischia. Y al lado, una gorda conventillera, de consejos estilo «¿vos qué problema te hacés?», tanto se trate de hacer la vista gorda con una inmigrante ilegal en el trabajo, o de darse un gusto en vida antes que el otro se mude. Pero cuando ella está, al fin, en el departamento del otro, ahí es donde ve a su familia, y a sí misma, desde otra perspectiva. Mirar, sentir la mirada, mirar desde el lugar del otro, viejo tema del cine, que el difunto Krzyzstof Kieslowski desarrolló maravillosamente en el poético «Un film de amor», y que nuestro contemporáneo Ozpetekapenas toca, pero toca bien. Lo otro, la relación con ese viejo amnésico que el marido trae piadosamente a casa, y que guarda un misterio de explicación discutible, está precisamente para que ella se mire: cada persona guarda alguna historia de amores secretos (consumados o no), y de sacrificios que el resto de la gente a veces apenas advierte. Algunas cosas se dicen, otras sólo se dejan entender, y varias están (unas más claramente que otras) relacionadas, o más bien vagamente espejadas, al punto que la mirada final de la protagonista tendrá un poquito de la mirada del anciano. El anciano es Massimo Girotti, protagonista de «Obsesión», «Senso», «Crónica de un amor», y la argentina «La bestia humana», entre otras glorias del pasado. Muerto apenas terminado el rodaje, el film está dedicado a su memoria.

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