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22 de abril 2008 - 00:00

Dowek suma nuevo personaje al arte nacional

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En su muestra «Un día en la vida de María Rosario. Una mujer trabajadora», Diana Dowek incorpora un nuevo personaje al arte argentino, muy diferente de la Emma de Spilimbergo o la Ramona de Berni.
El Centro Borges, (Viamonte y San Martín), presenta en el Pabellón IV, la exposición de Diana Dowek «Un día en la vida de María Rosario. Una mujer trabajadora». Vista de fábrica, Línea de producción y Embalando, tres bocetos de 40 x 60 cm. inician el recorrido que se continúa con el Retrato de María Rosario, una pintura acrílica s/fotografía s/tela, de 110 x 120 cm. y nueve trabajos con la misma técnica, de 120 x 170, en los que retoma los temas de los bocetos y presenta a la trabajadora en distintas tareas o con sus compañeras, como en Intercambios.

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Dowek es consciente de que está introduciendo un nuevo personaje en el arte argentino y se preocupa por distinguirla de otras figuras femeninas: «Su imagen no es la Emma magistralmente dibujada por Lino Spilimbergo, ni tampoco tiene el cuerpo sensual de la Ramona de Berni, esa pobre muchacha seducida por el poder, ni como la representación del objeto del deseo, ni de maternidad, o del Despertar de la Sirvienta de Sívorí».

La representación en esta muestra es de una obrera en una fábrica de alimentos, que pelea por sus derechos. «Quizás su equivalente -señala la artista- lo tengamos en el cine, Norma Rae, que narra la lucha de una mujer sindicalista y feminista en los Estados Unidos». Dowek tomó fotografías en la fábrica pero también visitó la casa de la trabajadora. La muestra concluye con imágenes que presentan el espacio privado del personaje realizando sus tareas domésticas, en obras como Intimidad o Durmiendo, trabajos en los que reduce las dimensiones a 40x 60 cm.

«Quisiera que mis contemporáneos encontraran en mi obra un momento de sus vidas colectivas, identificados con un árbol que no pudo crecer, con un pasto que desafía al cerco...». Este anhelo tan vasto trata de promover un testimonio que más allá de sus representaciones individuales, la conduzca a una defensa del personaje con quien quiere testimoniar las condiciones y el orgullo de las mujeres que trabajan. Su propósito es perfilar las contradicciones humanas: vida y muerte, plenitud y vacío, libertad y opresión, placer y dolor, apertura y encierro, acentuando el drama que importa la presencia inexorable de estos conflictos.

Sus obras marcan y recuerdan situaciones de choque con pocos personajes u objetos, uno solo a veces, que modifica a través de mutaciones de luz, color y espacio. La preocupación de Dowek (Buenos Aires, 1942), ha sido siempre una incitación crítica. De la serie La larga marcha, era Pausa, la obra con la que obtuvo uno de los Premios Aerolíneas 2003. Los personajes remitían a realidades en la Latinoamérica de esta época: la humillación de los débiles y la violencia.

Con una nueva imagen contundente, casi realista inicia una nueva representación que por supuesto coincide con los presupuestos ideológicos de toda su obra anterior. El espectador encuentra su interpretación personal que puede o no coincidir con la ideología de la artista. En consecuencia, está descubriendo el momento de vida que Dowek aspira a suscitar entre quienes contemplen sus obras. Dowek sostiene, que no trata de contar cuentos ni de ilustrar una historia; de ahí, su búsqueda: «es decir más con lo mínimo de elementos que me son cotidianos».

Estas parábolas de nuestra época las ha expresado también en las series de los festines de cerdos, de los hombres en fuga por campos y paisajes descubiertos, de los cuerpos yacentes al borde del camino, reflejados en el espejo retrovisor de un vehículo; de las jaulas o cárceles deshabitadas; y de los alambrados del campo argentino tan rebelde hoy contra las burocracias oficiales.

Diana Dowek estudió en las Escuelas Nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, donde se graduó en 1964. Formó parte de la corriente surgida en Buenos Aires hacia mediados de la década del 70, presentada en 1979 con el nombre de Postfiguración, en el CAYC primero, luego en el Museo de Arte Moderno. Obtuvo distinciones y reconocimientos, como el Premio al Artista del Año, de la Asociación Argentina de Críticos de Arte (1994); la Beca de la Fundación Pollock-Krasner, Nueva York (1995); y la Beca a la Creación, del Fondo Nacional de las Artes (1998). Presentó en 2001, en el Museo Nacional de Bellas Artes, una muestra antológica (1972-2000), con el autor de esta nota como curador de la misma.

En ella incluyó series como «De lo que vendrá» (1972-73); «Atrapados con salida (1977-89)»; «Pintar la pintura» (1981-83), telas cosidas con alambre; «Las heridas del proceso» (1983-85); «La ciudad y los amantes» (1987-90); «Homenaje a Beuys», (1990-94), uno de los creadores más importantes de la segunda centuria del siglo XX; «Desde el fondo de la tierra», (1994), homenaje al fotógrafo brasileño Sebastián Salgado; y sus obras de la serie, «El poder vulnerable» (1996-2000).

Luego, una de sus últimas muestras individuales fue «Fragmentos de una historia inconclusa (1972-2005)», en el Fondo Nacional de las Artes.

Desde sus trabajos de los años '70, como el políptico Lo que vendrá, 1972, hasta trabajos más recientes como su instalación Pausa en la Larga Marcha, 2001-2005, sus obras son el relato sinfín de una artista incansable. Sus propuestas se suceden año a año investigando problemáticas humanas y sociales, con una vigencia permanente y abierta, por eso su historia con el lente de la preocupación por los demás no ha concluido.

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