Ningún dueño de casa podía aumentarles el precio del alquiler, ni pedirles que se vayan porque venía a vivir un pariente del dueño, ni echarlos por falta de pago, o por insociables, o por mal aliento, sin arriesgar infinitos problemas judiciales. Algo parecido ocurre en esta comedia de humor crecientemente negro donde un joven matrimonio se compra una linda casita... que viene con inquilina incluida. Poca cosa, una anciana que ocupa unos pocos metros cuadrados, apenas hasta que se muera.
Claro, primero parece una viejita inocente que molesta sin darse cuenta. Después, parece que se da cuenta, pero no le importa. O que francamente le gusta molestar. Bueno, en algo tiene que entretenerse. ¿Pero cuánto más habrá que aguantar a una anciana? ¿Una tierna, medio cargosa, más bien muy cargosa, fastidiosa, irritante, invasora, odiosa, temible vieja que nadie puede echar, pero que dan ganas de matarla?
Dejá tu comentario