25 de mayo 2001 - 00:00

"Durante la muestra teatral baja la violencia en Bogotá"

Fanny Mickey.
Fanny Mickey.
(24/05/2001) La actriz y directora argentina Fanny Mickey está radicada en Colombia desde hace más de cuatro décadas. Además de desarrollar una prestigiosa carrera artística en Bogotá, ha sido la propulsora de valiosos proyectos culturales, entre ellos el Festival Iberoamericano de Teatro que creó en 1988 junto a Ramiro Osorio.

Pero ahora está en Buenos Aires para protagonizar el unipersonal «Yo amo a Shirley», de Willy Russell, que se estrenó anoche y seguirá hasta el domingo en la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín. En diálogo con este diario, Mickey recordó algunas curiosidades del Festival de Bogotá, entre ellas el raro privilegio de bajar los índices de delincuencia cada vez que se realiza.

Periodista: Es sabido que su festival tiene un gran alcance popular ¿Cuál es el elogio que recibe con mayor frecuencia?

Fanny Mickey: Es curioso, pero de lo que más se acuerdan los que pasan por el festival es de la Carpa Cabaret. Es donde la gente se reúne después de las funciones a escuchar música popular. Allí cabrán unas 1.600 personas y todos los que la conocen siempre quieren volver. Es una auténtica torre de Babel donde los polacos bailan con los japoneses y los noruegos con los tailandeses.

P.: ¿Cuál es el costo de la muestra?

F.M.: El último costó aproximadamente un millón trescientos mil dólares, pero tuvimos 420 funciones y la participación de 34 países y 5 continentes. El festival cuenta con ayuda oficial y privada y con el valor de la taquilla, con eso salimos a flote. La primera edición la hice en conjunto con Carlos Giménez, el creador del Festival de Caracas. Como entre Bogotá y Caracas sólo hay una hora de vuelo compartimos obras y presupuestos. Después seguí sola y ya voy por la séptima emisión, que el año pasado contó con más de dos millones de espectadores, sumando los desfiles y los espectáculos de calle. Yo he ido a todos los festivales internacionales que se imagine y en ninguno hay tanto público como el que se reúne en mi ciudad, Bogotá. Allí se produce una catarsis muy especial: todo el mundo quiere ver teatro y olvidarse de todo.

P.: ¿Cómo logra sobrevivir un festival de este tipo en un país tan inestable?

F.M.: ¡Es muy difícil! Ahora mismo estoy temblando con el próximo porque la tercera parte es ayuda del gobierno y como hay tantos espectáculos gratuitos (180 entre los 420 programados), no es fácil reunir los fondos necesarios. Pero el festival genera una mística muy fuerte, es pura pasión. Yo soy la loca número uno y conmigo hay mucha gente que es capaz de dejar todo para trabajar en el festival.

P.: ¿Nunca sufrió algún tipo de boicot?

F.M.:
En el primer festival tuve una bomba, nada menos. La primera que apareció en Bogotá. Pero fue más bien por un tema religioso. Es una historia muy larga de contar. Creo que se debió a que hicimos el festival en Semana Santa porque tenía que coincidir con el de Caracas. Pero también hubo reacciones por un espectáculo brasileño, «Teledeum», que era tremendamente irreverente con la Iglesia. Paradójicamente, cuando pasó todo eso, recibí llamadas de la mafia -que en ese entonces era muy fuerte porque era la época de Pablo Escobar-, y también de la guerrilla y de los paramilitares. Todos me dijeron lo mismo: «Fanny, te apoyamos para que el festival siga adelante». Es la primera vez que cuento esto. Hasta la policía me ha dicho: «¿Por qué no hace el festival todos los días del año? (Se ríe.) Es que cada vez que se realiza el Festival de Bogotá, el índice de delincuencia y de violencia baja notablemente.

P.: ¿Por qué eligió «Yo amo a Shirley» para su debut en Buenos Aires?

F.M.: Yo la quiero mucho a Shirley. Incluso creo que me gusta más humanamente que artísticamente. Pero le estoy muy agradecida como actriz porque me permite pasar de la ternura y la comicidad abierta a la profundidad y la madurez.

P.: ¿Qué opina de la versión cinematográfica, «Yo amo a Shirley Valentine»?

F.M.: No me pareció tan acertada como la versión teatral, en este sentido: Shirley es una mujer que como se siente sola en su casa se le ocurre hablar con la pared, a la que le cuenta todo lo que le pasa. Ella hace el papel del marido, de los hijos que ya dejaron el hogar, de sus amigos y hasta de Kostas, su amante griego. Shirley es muy graciosa y deja abierta la imaginación del espectador para que pueda recrear por él mismo a los demás personajes. En cine, esos personajes aparecían en la pantalla y eso hizo que la historia perdiera la sal que tenía.

P.: ¿Tiene en mente algún otro estreno?

F.M.: El 15 de junio actúo en Moscú y después me dedicaré a montar «Sólo 80», que es una pieza que me encanta. P.: ¿Usted qué edad tiene?

F.M.:
Ando por los 70. Soy viejita pero no se nota. (Se ríe.)

P.: ¿Y Shirley?

F.M.:
Unos cuarenta y pico. En escena puedo dar esa edad. Nunca podría hacerla en televisión o en cine, porque son medios que hasta te hacen mayor de la edad que tienes, pero en teatro sí. El teatro logra esa magia.

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