Fragmento de «Silencio», que actualmente exhibe en Nueva York Leopoldo Maler, un pionero en el arte de las instalaciones, el video y la performance, que merece una muestra integral en la Argentina.
La actual exhibición de «Silencio» de Leopoldo Maler en la galería neoyorquina Nohra Haime es buena ocasión para recordar que este artista argentino nacido en 1937 es un pionero en el lenguaje del arte de las instalaciones, el video y la performance.
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Tras graduarse de abogado, se instaló en Londres e ingresó en la Royal Shakespeare Company para familiarizarse con todo el entramado teatral, se desempeñó como periodista radial en la BBC y realizó cortometrajes. Regresó a Buenos Aires en 1964 y en 1965 intervino en la creación de «La Menesunda» de Marta Minujin junto a Santantonín, Amor, Prayón, Lamelas en la gran usina creativa que fue el Di Tella. Al volver a Londres y a la BBC presentó «Oigan Ya», pieza teatral que ironizaba sobre los medios de comunicación. Y así podrían enumerarse sus experiencias con las artes visuales, su relación con el teatro y la danza y la fusión de todas ellas.
Maler vivió también en Nueva York hasta 1983 y llegó a ser el primer rector de la Escuela Parson en su sede de Santo Domingo.
Otro de sus temas fue la incomunicación de los seres humanos debido al condicionamiento que ejerce la televisión. Son muchas las obras-espectáculo, como por ejemplo, «Ballet de Grúas», tres gigantescas grúas, acróbatas y bailarines con distintas secuencias interrelacionadas.
En 1972 estrenó su ópera «Carnem et Ciclum» en la que se asaba carne que se servía al público y cuya idea central remitía al hombre primitivo y su descubrimiento del fuego. Varias obras relacionadas con la muerte, lo efímero de la vida, el fin de la civilización revelan sus propuestas siempre reflexivas como «La Ultima Cena», premiada en la Bienal de San Pablo en 1977: una mesa cubierta por un mantel blanco rodeada de trece sillas sobre las que giran 26 reses de cordero moldeadas en plástico que penden de un dispositivo, obra de carácter ritual y simbólico.
Durante la Bienal de Venecia de 1980 tuvimos el privilegio de presenciar «Horno-Fuego-Forma», una performance en la Plaza San Marcos, una acción que se juzgó como muy controvertida, en la que al comienzo hizo su entrada un caballo con todos sus arneses. El artista recortó su silueta en cartón y lo colocó sobre el piso junto a otra realizada con sogas a las que finalmente prendió fuego mientras unos músicos tocaban las trompetas. También recordamos otra obra relacionada con el fuego realizada en Buenos Aires en 1974, « Homenaje», una máquina de escribir de la que salían llamas, un tributo a un familiar desaparecido, escritor y periodista valiente e incisivo.
En cuanto a «Silencio», obra primordial de 1971, fue presentada en el Candem Arts Centre de Londres, muy elogiada por la crítica especializada inglesa y no obstante el desarrollo alcanzado por la tecnología en relación a las artes visuales, no ha perdido vigencia y más importante aún, su magia.
Esta «situación» como prefiere Maler que se la denomine, consiste en una habitación oscura de un hospital. Una cama construida con tubos de neón azul sobre la que se proyectan imágenes de una mujer enferma. A su lado, una enfermera real, la cuida, y hay un cartel luminoso con la palabra «Silencio». Obra evocadora que provoca la introspección, una escena ante la que lo cotidiano desaparece, y como todo lo realizado por este artista, es atemporal, compleja y reflexiva.
En 2005 fue exhibida en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo donde creó la Escuela de Diseño de Altos de Chavón por la que han pasado artistas de diferentes nacionalidades. Hoy Leopoldo Maler vive en Bocado Chavón donde tiene su casa-taller y museo.
Sería importante que se realizara en nuestro país una muestra integral de este destacado artista que figura en importantes colecciones privadas y en museos internacionales.
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