31 de mayo 2001 - 00:00

El cine histórico, con nueva apuesta

Claudio Etcheberry.
Claudio Etcheberry.
"El tema del fusilamiento de Liniers siempre me llamó la atención, desde chico. Tanto por su aspecto político como por el humano. Qué difícil era entender, en las clases de historia argentina en el colegio, que una semana Liniers fuera un prócer y, a la semana siguiente, estuviera ante el pelotón de fusilamiento, bajo las balas que ordenaban otros próceres", dice Claudio Etcheberry, profesor de Historia, humanista y ahora cineasta embarcado en un desafío singular: encarar no sólo su primera película, sino hacerlo dentro de un género difícil como el cine histórico y de época.

Etcheberry
se empezó a interesar en el cine desde hace ya mucho tiempo y, en 1993, ganó el concurso de guiones del Instituto de Cine con «Cabeza de Tigre», que después de muchos padecimientos, recién puede estrenar hoy, es decir, ocho años más tarde. «Ya podría ir por mi segunda o tercera película», dice, con resignación.

«Creo que la historia nunca terminó de explicar del todo ese episodio. Me parece que siempre se trató de ocultarlo antes que de elucidarlo. No se hace el anclaje suficiente en lo que significó ejecutar a un virrey, y no a cualquier virrey, sino a alguien a quien los criollos le deben muchísimo. Antes de él, el Ejército era sólo para los españoles peninsulares. El incorporó a los criollos. Liniers no fue, digamos, Luis XVI, que arreglaba relojes. Fue alguien muy importante para la historia nacional. Su fusilamiento siempre me evocó la imagen de Cronos comiéndose a sus hijos», agrega.

«Cabeza de Tigre», en cuyo libro colaboró su profesor de guión en el CERC, Juan Bautista Stagnaro, está centrada en el conflicto interno que, hasta último minuto, vivió Juan José Castelli cuando tuvo que comandar la milicia que lo capturó y fusiló. Con Damián de Santo como Castelli y Héctor Alterio como Liniers, la película tiene como eje el enfrentamiento entre ambos, pero, sobre todo, las contradicciones que hasta último momento tuvo Castelli cuando debió ejecutar la orden.

«Aunque la película respeta, básicamente, los hechos de la historia, me he permitido algunas licencias o he presumido algunos episodios verosímiles. Históricamente, lo de Castelli no fue tal como aparece en el film. Hay una carta en la que Castelli, años más tarde, dice que no se arrepiente de nada de lo que hizo, aunque reconoce que lo que más le costó fue haber tenido que fusilar a Liniers», comenta.

Un duelo entre ambos en el que Liniers lo supera ampliamente, su condición de violinista, o la presencia de la legendaria Perichona, amante de Liniers, como testigo del fusilamiento, son algunas de las licencias del film. «La Perichona no estaba en el país en ese momento, sino en Rio de Janeiro. Cuando ella se entera de que van a fusilarlo, vuelve corriendo a la Argentina, pero no llega a tiempo. Entonces, va a verlo a Saavedra y le pide permiso para quedarse en el país. Allí es donde se refugia en esa casa de campo hasta su vejez, que es el momento cuando la toma 'Camila', de María Luisa Bemberg».

Tradición

El cine histórico en la Argentina es un género no demasiado cultivado en los últimos tiempos, y, por lo común, cuando se piensa en él, se recuerdan los «biopics» de Leopoldo Torre Nilsson con Alfredo Alcón, o, un tiempo después, la insistencia casi obsesiva de «desacralizar próceres», lo que significó, a veces, degradarlos.

Con respecto a esa oscilación,
Etcheberry opina: «Creo que mi película no está ni de un lado ni del otro. A mí me gustaría hermanarla con el movimiento de la novela histórica en literatura, que desde 'Soy Roca' o 'La revolución es un sueño histórico' a esta parte, ha demostrado una libertad que supera o el endiosamiento o la denigración tonta. Humanizar al prócer es bueno, pero no degradarlo.Yo pienso en esa gente que, dentro del barro, la miseria y la mugre, hablaba y producía un proyecto de país. 'Hay que tener cojones' para eso, como dicen en la película», expresa.

Su condición de historiador lo pone, seguramente, en una posición privilegiada.
«Con la película no quise abarcar todo ni explicar procesos históricos. Eso habría sido presuntuoso. Ser historiador, además, me pone en ventaja sobre un cineasta que no lo es y que, seguramente, tendría más ansiedad porque no se le escape nada y puede terminar apabullado».

La película tuvo un presupuesto de 1,2 millón de dólares, cuya mitad es el premio de guión, y la otra se obtuvo
«difícilmente», dice, con aportes privados. «Me ayudaron mucho diferentes instituciones, como los Museos Pueyrredón de San Isidro, el Complejo Museográfico Enrique Udaondo de Luján, la Municipalidad de Luján, el teatro Argentino de La Plata y el Ejército Argentino, que nos permitió filmar con toda libertad en Campo de Mayo.»

El elenco de «Cabeza de Tigre» se completa con Mónica Galán (como la Perichona), Pablo Cedrón, Horacio Peña, Roberto Cortizo, Carlos Gamallo y Erika Rivas. La música es de Lito Vitale, y la parte coral del Estudio Coral de Buenos Aires, de Carlos López Puccio.

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