«Constructivo Manolita», de Joaquín Torres García en el Borges.
Sus obras llegan al espectador con la fuerza de un lenguaje
universal.
El arte ostenta el mayor glamour, y como bien asegura un coleccionista porteño, abre todas las puertas. Siempre ha sido así, el arte no sólo puede favorecer la inserción social sino que además hasta depara cierto grado de felicidad. Motivos inspiradores no abundan, y ante la sola mención del placer que se supone puede procurar una experiencia estética, los postulantes a integrar el club del mundo del arte se multiplican. El caso de mayor resonancia en estos días es el del intendente de Tigre, Ricardo Ubieto, que ayer concretó el sueño de inaugurar el Museo de Arte de Tigre, MAT.
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El pensador Arthur Danto describe que la contemplación de un bellísimo Veronese afecta al británico John Ruskin, y cuenta que esta experiencia vital y penetrante le proporciona una filosofía de vida. Alguna experiencia similar debe haber movilizado a Ubieto (acaso el trato frecuente con su nuevo vecino, el fundador del Malba, Eduardo Costantini), para decidir la restauración del viejo Tigre Hotel, convertirlo en Museo, y destinar al proyecto y la compra de obras de arte alrededor de 18 millones de pesos de los fondos municipales.
Si como aseguraba Ruskin, los artistas imparten verdades no sólo sobre la visión sino sobrela vida, la gente de Tigre podrá disfrutar ahora de estas enseñanzas. A pesar de que siguiendo su gusto personal, el intendente cercenó todo el arte abstracto de la colección del MAT. Vale la pena destacar, sin embargo, lo positivo del emprendimiento, el hecho fundacional. El Museo es lo que queda y lo que importa, pues como bien se sabe, el rumbo de las colecciones suele cambiar con la educación y con el tiempo.
Entretanto, en el corazón de Buenos Aires, el Centro Cultural Borges abrió una muestra del maestro por excelencia de la modernidad latinoamericana, Joaquín Torres García. Las obras llegan al espectador con la fuerza de un lenguaje universal: el de los símbolos. Comprensibles para todos los hombres de todos los tiempos y todas las culturas, los símbolos que pinta Torres García, la campana, el reloj, el pez, la cruz, el sol, entre otros, avivan el inconsciente colectivo. Los dibujos esquemáticos de su obra cumbre, «Universalismo Constructivo», llegaron del Museo Torres García de Montevideo acompañados por su directora, Jimena Parera, bisnieta del maestro, ostentando la genialidad del artista.
Torres García buscó la armonía y la encontró en el orden inalterable de la geometría, que como señalaba Apollinaire, «es a las artes lo que la gramática a las letras». En sus obras se percibe la « voluntad de relación entre el fragmento y la totalidad», es decir, el equilibrio entre lo particular y lo general y entre la objetividad y subjetividad. Los 45 dibujos que se pueden ver en el Borges, además de varias pinturas, forman parte de los 350 que integran el « Universalismo Constructivo. Contribución a la unificación del Arte y la Cultura de América», formidable libro editado en Buenos Aires en 1943. Este compendio contiene las lecciones del maestro uruguayo, que surcan nuevamente el Río de la Plata, y en el momento más oportuno.
En la diversidad de épocas y estilos artísticos que hoy ofrece la ciudad y sus alrededores, figura la muestra de Graciela Hasper en la galería Ruth Benzacar. Más allá de las esplendorosas y coloridas abstracciones, pinturas y objetos que se exhiben en la sala principal, Hasper presenta una serie de videos realizada en Venezuela, que revela de modo muy directo cómo observa el mundo un artista con el ojo entrenado. Del paisaje que regala la vida cotidiana, Hasper rescata los ritmos verticales y horizontales de una gran urbe, los colores fríos y cálidos de los paredones y las veredas, el enjambre que dibuja el follaje de los árboles, las formas constructivas de la arquitectura, detalles que pasan inadvertidos al común de la gente.
Pero son detalles que, en suma, revelan que el goce y la alegría visual está al alcance de cualquiera que se tome el trabajo de aprender a mirar. Como si quisiera ser bien explícita, Hasper concluye la serie con una obra desafiante, un video donde recorre una obra de la venezolana Gego mientras se escucha «El día que me quieras» y la voz de Gardel. De este modo, los dibujos espaciales realizados con alambre de Gego se convierten repentinamente en estrellas que flotan en medio de la noche.
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