El Colón, buen marco para Léhar

Espectáculos

«El Conde de Luxemburgo», opereta de F. Léhar. Con C. Bengolea, L. Gaeta, C. Natale, G. de Gyldenfeldt, M. Serrano, E. Bayon, G. Centeno, S. Sorarrain, N. dí Pierro y O. Tesser. Regie y Coreog.:A. Cervera. Esc. y Vest.: J. Ferrari. Ilumn.: E. Sirlin. Dir. Coro: M. Martinez. Orq. Filarmónica de Bs. As., dir.: C. Calleja. (Teatro Colón, 15/3.)

Aunque esta opereta, de brillantes contornos, se cantó en Buenos Aires desde 1959 hasta 1981 con cierta regularidad, ésta es la primera vez que sube a escena en el Teatro Colón; la sala misma y el poderío de nuestro primer coliseo le da a la música y al teatro «näif» de Franz Léhar un marco excepcional.

La espaciosa escenografía permite un dinámico movimiento escénico y se lucen los valses; es evidente el trabajo en equipo con vestuaristas, ya que en el primer acto impera el azul y el verde, en el segundo el blanco y el negro, y en el tercero el rojo, detalles de un ejemplar buen gusto.

Generosas y bien diseñadas las luces, que hasta adquieren un carácter simbólico, al final del segundo acto por ejemplo, que se cierra con una esfumatura, pero el triángulo amoroso señalado con potentes círculos de luces.

El tema del libreto es menor, casi un pretexto para los lucimientos señalados, salpicados de polcas y valses, y personajes inocentes y simpáticos. Por ello destaca la muy buena régie de
Alejandro Cervera, también autor de las sencillas pero vistosas coreografías.

De los personajes, con perfiles bien delineados, sobresale el eficaz barítono
Luis Gaeta como el Príncipe Basilio Basilovich, histrionismo de un animal de teatro, la voz siempre espléndida y musicalidad ejemplar. El tenor Carlos Bengolea como el Conde de Luxemburgo sostiene el rol con elegancia, aunque a veces siguen apareciendo afinaciones erráticas cuando se acerca a los agudos. Surgido del concurso Nuevas Voces Líricas 2004 con el Premio Opera de Roma, el joven tenor Carlos Natale se destaca por la pureza de su voz y su soltura escénica, su composición del pintor Armando Brissard esta impecable, así como su difícil novia,la simpática Eliana Bayón.

Ese agudo destemplado al comienzo del segundo acto no empaña la labor de
Graciela de Gyldenfeldt, en el rol de la cantante de la Opera de París Angela Didier, se la presiente una buena profesional. Muy bien el resto del elenco; mucho más suelto y natural el coro que en «Doña Francisquita»; el Pierrot y la Colombina, los saltimbanquis y los zancudos pusieron su nota de color y movimiento no convencionales. Correcto el director Carlos Calleja frente a nuestra Filarmónica, que puede exhibir su ductilidad también como proveedora de buena música desde el foso, que se destaca en el intermedio del segundo al tercer acto con el famoso Vals del título que anula un intervalo, y está enmarcado por parejas en poses glamorosas con exquisitos trajes.

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